Rutas Gastronómicas por los barrios de Sevilla: Centro urbano - Santa Catalina.
Calle Gerona, 40. 41003 Sevilla.
 

Relación calidad-precio:

Presentación:

Cocina:

Servicio:

Tapa destacada: Espinacas con garbanzos

Otras tapas: Bacalao con tomate y pavias de bacalo.
 

 

  Mala   Aceptable   Buena   Muy Buena   Excelente
 

El Rinconcillo es uno de esos sitios que no necesita publicidad. Alabado por muchos, laureado por las mejores criticas culinarias, envuelto en el manto de la popularidad y de la abundancia, el Rinconcillo tiene una sabor especial cuando hablamos de tapear en Sevilla.  Ya en 1670 el local funcionaba como bodega y taberna y casi doscientos años después, en 1860,  el negocio pasó a manos de la Familia Rueda, unos montañeses afincados en Sevilla que lo regenta desde hace ocho generaciones, siendo actualmente los hermanos Javier y Carlos Rueda sus actuales propietarios. Consta de barra en la planta baja y de restaurante en el piso superior. Su bien ganada fama le confiere casi un indiscutible liderazgo en los sitios de tapeo en Sevilla y si a todo eso le añadimos el valor histórico que le permite vanagloriarse de ser el bar en activo más antiguo de Sevilla, tenemos una combinación perfecta para no dejar de visitar este singular bar de tapas. Porque El Rinconcillo es, ni más ni menos, el bar en activo más antiguo de Sevilla. Abierto desde 1670, rodeado de historia y de arte, allí la tapa reina es sin duda las espinacas con garbanzos. Hechas con particular estilo, muy suavitas al paladar y con los garbanzos siempre en su punto, es de obligado conocimiento para el viajero probarlas algún día.

Nosotros sin embargo no tuvimos suerte en nuestra visita. Como atenuante sirva que fue en pleno Jueves Santo de 2008 y que a los clientes habituales, se les unía una considerable clientela de visitantes foráneos que dificultan sin duda atender adecuadamente a la clientela. Ese es uno de los defectos del Rinconcillo: su propia fama. El turismo ha masificado hasta la exageración el local y es difícil, no ya encontrar mesa, sino incluso tapear tranquilo. Quizás ese exceso de clientela es lo que ha llevado a que las tapas que pedimos en nuestra visita no fueran de nuestro agrado. Las espinacas, o estaban o parecían recalentadas, (al baño María según el camarero) y la pavía de bacalao, además de tardar mucho tiempo en servirse, no cumplía las condiciones ideales para ser consumidas. Aunque correctamente frita, sin exceso de aceite, estaba casi fría. El bacalao, eso si, excelente. Y muy bueno también el bacalao con tomate (natural por supuesto). 

Completamente reformado y restaurado, El Rinconcillo ha sabido conservar ese espacio ancestral que le da un toque especial. Visita obligada en cualquier caso. 

   

 

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