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Por una vez, y sin que sirva de precedente, entre mediados de los años treinta y casi hasta el final de la II Guerra Mundial, la música de jazz fue la favorita del público mayoritario en los Estados Unidos. Ni antes, ni después, eso volvería a suceder. El swing, ese balanceo rítmico que dio nombre no sólo al baile sino a toda una época -el Swing con mayúsculas- se difundía de costa a costa, a través de las retransmisiones en directo por las emisoras de radio de los conciertos de las grandes bandas. Los nombres de Benny Goodman, Jimmie Lunceford, los hermanos Dorsey, o Duke Ellington, se hicieron populares entre el gran publico y su fuerza llegó hasta la vieja Europa. Hasta en la misma Alemania nazi, llegarían los ecos de esa música, desafiando claramente la actitud hostil del régimen fascista hacia esta música.

Pero fue en Paris -otra vez Paris- donde se produce el fenómeno mas importante de penetración del swing fuera de las fronteras americanas. Alrededor del influyente critico musical, Hugue Panassié, quien fundo en 1932 el Hot Club de Francia, la revista "Jazz Hot" en 1935 y el sello discográfico "Swing" en 1937, se consolida un movimiento musical importante. Panassié, incluyó en el Quinteto inicial del Hot Club a dos músicos trascendentales para el devenir del jazz en el viejo continente: el violinista Stephane Grapellí, y sobre todo el guitarrista belga, Django Reinhardt, el músico europeo de jazz que más ha influido sobre sus compañeros norteamericanos de cualquier raza a lo largo de todos los tiempos.

Djangologie/USA. Vol 1 
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