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El jazz en los sesenta fue sin duda protagonizado por Miles Davis. En cierta forma, él ejemplificaba todas las inquietudes del músico de la época y ofrecía soluciones a las respuestas que el jazz venía planteando. Ornette Coleman, había grabado, justo en la frontera de la década  anterior a esta, varios discos conceptuales que cuestionaban actitudes musicales generalmente aceptadas.

Las capas más combativas de la población negra americana hicieron suyas esa filosofía, la radicalizaron y protagonizaron en la segunda mitad de la década una airada revolución, ya insinuada en el bebop, dispuesta a derribar términos y tradiciones que repudiaban la docilidad del negro frente al blanco, encarnada en el Tío Tom. Miles Davis y John Coltrane pusieron música a ese espíritu reivindicativo y Cecil Taylor, Archie Shepp o incluso, Max Roach y su esposa Abbey Lincoln, le pusieron la letra a aquélla renovación de conceptos.

 

 
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