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La literatura post-alfonsí: el reinado de Sancho IV

 

El reinado de Sancho IV

Sancho IVLa subida al trono del rey Sancho IV fue un hecho histórico polémico. Alcanzó tan preciado honor tras la muerte de su hermano mayor, el infante don Fernando de la Cerda, caído en 1275 al intentar contener los avances benimerines. Teóricamente, la sucesión correspondía a los hijos de Fernando, a los infantes de la Cerda, pero las revueltas ocasionada entre los nobles por la discusión de la herencia del trono, apoyadas por las Hermandades Castellanas y las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y San Juan, obligaron a que fuera aceptado como rey el segundo de los hijos de Alfonso X, alegando que, ausente Alfonso del reino y siendo menores de edad los infantes, Sancho IV es el único capaz de hacer frente a la amenaza de los benimerines. En su último testamento, Alfonso X desheredó a su hijo y proclamó herederos a los infantes de la Cerda bajo la tutela de Felipe III de Francia, pero su testamento no fue respetado. Sancho IV siguió siendo rey y actuando como tal hasta su muerte. En 1285, tras el desembarco de los benimerines, firmó un tratado de paz con el jefe musulmán Abu Yusuf Yaqub, y en 1292 logró tomar Tarifa con la ayuda de los barcos aragoneses y genoveses, rechazando dos años más tarde una nueva invasión liderada por el reino nazarí de Granada.

 

La literatura en la época de Sancho IV:

Ante la inevitable pregunta de si el rey Sancho IV mantuvo durante su reinado el mismo interés cultural que su padre Alfonso X, es necesario señalar que, si bien era totalmente distinto su carácter y su manera de gobernar -era apodado el Bravo-, las ideas inculcadas por su padre hicieron que en ningún momento desechara los avances alcanzados por su antecesor en este aspecto. La educación siguió impartiéndose entre la población, y el nivel de analfabetismo disminuyendo, y la producción literaria en esta época -aunque no es comparable en cantidad a la que se dio en el reinado de Alfonso X-  dio a la luz obras de gran importancia para nuestra literatura, como las que a continuación se señalan.

 

Castigos e documentos

Sancho IVAunque su autoría ha sido objeto de numerosas discusiones entre los eruditos, la obra es prácticamente atribuida al propio rey Sancho IV, terminada en 1292 tras la toma de Tarifa y que, probablemente, dedicó a su hijo Fernando, con el fin de inculcarle la educación moral y política adecuada para ser futuro rey. Este texto ha sufrido diversas reelaboraciones a lo largo de la historia y, según los estudiosos, en su edición primitiva no debió de titularse como actualmente se conoce -Castigos e documentos para bien vivir, que don Sancho IV de Castilla dio a su fijo- apostando más por el título Castigos et consejos. Igualmente, su composición inicial consta de cincuenta capítulos, pero posteriores interpolaciones con otros manuscritos de mediados del siglo XIV, lo llevaron hasta los noventa capítulos que actualmente conocemos.

 

Su contenido nos ayuda a conocer las concepciones políticas que se manejaban en la Castilla del siglo XIII, así como de la literatura didáctica de la época, con patrones muy similares a las redacciones realizadas por los talleres alfonsíes. Está compuesta por sermones y fábulas extraídas de diversas obras anteriores, tanto sagradas como profanas, acompañadas por pinturas de estilo gótico, donde la figura del rey aparece frecuentemente.

 

sancho IVLa Gran Conquista de Ultramar

Su datación no es segura y, como le ocurre a muchas de las obras escritas medievales, ha sido objeto de numerosas discusiones. Se estima su fecha de creación hacia el año 1293. Su tema principal es las Cruzadas a Tierra Santa que tuvieron lugar durante el siglo XII, basándose en otros textos anteriores de origen, fundamentalmente francés, como el Roman d'Eracle, la Chanson de Jérusalem, la Chanson d'Antioche y los Chétifs.

 

Acompañando al tema principal, aparecen leyendas relacionadas con las gestas y la literatura caballeresca, entre las que cabe destacar las que relatan el nacimiento y juventud de Carlomagno, llamada Mainete, y la del Caballero del Cisne, la más conocida de todas y que merece sin duda su pausada lectura.

 

El Lucidario

Durante este periodo literario se llevaron a cabo traducciones de obras anteriores en el tiempo, entre las que podemos destacar la obra el Libro del Tesoro, versión castellana de Li livres dou tesor de Brunetto Latini -poema didáctico alegórico que influyó en la forma externa de la Divina Comedia- y el Lucidario, texto mandado a elaborar por el rey Sancho IV con el fin de combatir las distintas amenazas herejes que afrontaba su reino.

La obra tiene la típica estructura oriental, donde un maestro responde a las preguntas de un discípulo desorientado en los temas teológicos. Para dar respuestas a esas preguntas, el maestro hace uso a su manera del texto original del Lucidarium, manual de teología elemental escrito dos siglos antes por Honorio de Autum para dar formación al clero.

 

zifarEl caballero de Zifar

Considerada como la primera novela de caballería de nuestra literatura. Aunque, también en este caso, existen diversas teorías sobre su fecha de creación, parece muy probable que ésta fuera antes del año 1300, con posteriores reelaboraciones a lo largo del siglo XIV. En ella existen huellas de leyendas y relatos de culturas anteriores, especialmente orientales, con diversos romanceamientos de Séneca. Su autoría es anónima, pero algunos eruditos la atribuyen a Ferrán Martínez, escribano, notario y sellador en la época de Alfonso X.

La obra tiene claramente diferenciado dos prólogos y cuatro partes. Las dos primeras -El caballero de Dios y El rey de Mentón- recrea diferentes historias familiares de separaciones y reencuentros, entremezcladas con ejemplos y sentencias de obras y autores anteriores a la época. La tercera parte se titula Castigos del rey de Mentón, y la cuarta parte Los hechos de Roboán, hijo del caballero de , con la que se cierra la obra.

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