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Apoloybaco, en la presentación en Sevilla de Bodegas Numanthia.

La zona de producción de los vinos de Toro esta situada en el extremo septentrional oeste de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, en el noroeste de España. Este lugar presume de tener una larga tradición enológica, ya que existen pruebas que demuestran que los viñedos existen desde la época de los romanos. Durante la Edad Media, los vinos de Toro eran famosos en toda España, el negocio era tan importante que estaba favorecido por privilegios reales. 

A bordo de la armada española, los vinos de Toro participaron en el descubrimiento del Nuevo Mundo. A finales del siglo XIX, los vinos de la región se exportaban a todos los otros países de Europa, afectados en ese momento por la crisis de la filoxera. El uso de la zona denominación geográfica de “Toro” fue oficialmente reconocido en 1933, aunque no sería hasta 1987 que se crearía la Denominación de Origen y el correspondiente consejo regulador.

La región viti-vinícola de Toro representa un área de 62.000 hectáreas, de las que 8.000 son de viñedo y tan sólo 5.500 están incluidas en la D O Toro. Se calcula que en esa extensión existen 1.200 propietarios diferentes. El Duero y sus afluyentes han moldeado el paisaje de esta zona, esculpiendo las colinas situadas entre 650 y 850 m sobre el nivel del mar. El meso-clima de Toro es continental con una influencia atlántica. Con una media de precipitaciones de 350 a 400 mm por año, la región es muy seca y se encuentra al limite de lo que se puede hacer con viñedos sin irrigación. Sin la humedad que provee el suelo arcilloso sería imposible sobrevivir en estas condiciones. Los meses del verano son calientes de día y fríos de noche, con variaciones térmicas de más de 20° C.

Estas condiciones extremas producen unas uvas de calidad excepcional que destacan por su gran concentración. Los vinos de Toro están hechos de un solo tipo de uva, llamada “Tinta de Toro”, un tipo de uva familia de la Tempranillo que, de hecho es una selección pre-filoxérica específica de la región. Estos viñedos son realmente excepcionales en Europa, unos viñedos sobre pie franco que han resistido de manera natural a la filoxera durante más de 140 años.


Es en ése entorno natural y vitivinicola, donde se ubica la bodega Numanthia en el pueblo de Valdefinjas, en la provincia de Zamora. La bodega fue creada en 1998 por la familia Eguren, de la región de Rioja. El objetivo de Marcos y Miguel Eguren era de producir el mejor vino de Toro. El nombre proviene de las ciudades de Numancia y Termes, famosas en la antigüedad por su resistencia al “invasor” romano. Cuando fueron atacados por las legiones de Scipio en 133 A.c., sus habitantes resistieron de manera heroica durante años, prefiriendo la muerte a la capitulación. Numancia se ha convertido en el icono de la tenacidad y de la resistencia, que son también dos de las características que definen el viñedo de Toro, un auténtico superviviente capaz de superar las extremas condiciones del clima local y también los ataques impenitentes de la filoxera para llegar a nuestros días.

Apoloybaco tuvo la oportunidad de estar presente en la fenomenal cata de sus vinos: Numanthia, Termathia y Thermes (éste último catado sin etiquetar por no estar presente todavía en el mercado). El enólogo y propietario de la bodega, Manuel Louzada, hizo una excelente demostración de como se puede hacer un vino de calidad extraordinaria, premiado en multitud de certámenes y distinguidos por los mejores críticos y especialistas en enología, desde el amor a un terruño y con la calidad por bandera. El lugar elegido, el Hotel Alfonso XIII de Sevilla, un marco a la altura de los vinos de Bodega Numanthia.