Una vida colmada de jazz y grandes experiencias profesionales que se hace necesario recordar cuando el trompetista, con noventa y tres años cumplidos, lleva desde 2008 sufriendo el lacerante acoso no solo de la vejez sino de la enfermedad. El documental Keep on Keepin’ on, que se acaba de estrenar, muestra al luchador Terry de hoy.

El Tribeca Film Festival de Nueva York ha sido el escenario de presentación para este trabajo de debut del director australiano Alan Hicks, en el que ha empleado cuatro años. No es un documental al uso sobre la vida y experiencias de un músico sino un trabajo de acompañamiento y seguimiento de la relación entre un músico anciano -y muy enfermo- con su alumno, un pianista de 23 años de nombre Justin Kaulflin. La relación de un joven y nervioso artista de gran talento, ciego, con su mentor; un Terry que entre las últimas lacras que va dejando su enfermedad está la pérdida total de visión pero que es capaz de trabajar con el joven y ayudarlo a prepararse para una importante competición que le haría dar el salto en su carrera artística.

Quincy Jones ha sido el productor de este emotivo documental que viene a mostrar cómo la música y la relación con su joven pupilo mantienen la sonrisa de un Clark Terry feliz de ayudar a un joven artista a encontrar su sonido. Con motivo del estreno del documental, Terry concedía una breve entrevista a Matthew Kassel (New York Observer) en la que confesaba no haber podido tocar a diario, como a él le gustaba, desde 2008... pero que se estaba mentalizando para intentarlo de nuevo.

Quincy Jones fue también el encargado de la organización de un concierto de homenaje a Clark Terry tras el pase del documental: en el escenario del Borough of Manhattan Community College se reunieron Herbie Hancock, Esperanza Spalding, Dianne Reeves, Roy Hargrove y el joven protagonista Justin Kauflin. En relación al director, Alan Hicks, es también músico, baterista, y ha sido alumno de Terry habiendo formado parte de alguno de sus grupos. Tanto Hicks como Adam Hart, director de fotografía, se convirtieron en parte de las familias de trompetista y pianista durante los cuatro años de trabajo, consiguiendo de esa manera el tono íntimo y emotivo de la historia.

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