LITERATURA

Febrero: Canto a quien

Título: Canto a quien

Autor: Iván Onia

 

“Canto a quien” es un poemario escrito por el poeta Iván Onia como un homenaje personal e íntimo a Walt Whitman, más concretamente al libro “Hojas de hierba” y si afinamos más la puntería, al poema “Canto a mí mismo”.

Walt Whitman, con su libro, dio un vuelco a toda la literatura de su época, rompiendo con la tendencia de la poesía inglesa del momento, basada en el simbolismo, las alegorías, la meditación, la religión y la espiritualidad. Walt Whitman rescató al hombre del propio hombre, su cuerpo y a su humanidad; escribió su obra en sin olvidar tampoco el espíritu y la naturaleza. Quizás fue su gesto de rescate del Renacimiento perdido siglos atrás.

“Rinascita” = Renacer, como lo llamó inicialmente el historiador y artista Giogo Vasari sobre 1550; o “Renaissance” = Ruptura, Reforma, como finalmente dejó constancia el historiador francés Jules Michelet.

Y os cuento todo esto porque pienso que Iván es, en el fondo, es un Renacentista de nuestra época (quizás se equivocó de siglo donde nacer, pero su Betis le tira tanto que prefirió hacerlo ahora para poder verlo, ya que en el siglo XV no existía; aunque lo mismo ya sí existían los béticos).

En “Canto a quien” no canta sólo a sí mismo, sino canta y habla del hombre en todas sus dimensiones, de su cuerpo y de su conexión con su espíritu y la naturaleza.

Habla del cuerpo y sus andanzas: hay heridas, vértebras, tuétano, tendones, dolor y muerte en este poemario, como hay sanación con hilas de versos en él.

Habla del espíritu: de la amistad, del amor, del erotismo, de los miedos, de los ojos cansados de un mecánico o la soledad de un carnicero… de la añoranza, de los incendios de alma.

Habla de la naturaleza: de la hierba (sin duda), de la naranja y la manzana, de las nueces, del árbol, las hormigas y los ratones, y también del café…

Dicen que la poesía es como esas puertas giratorias de las estaciones, los hoteles y los hospitales, donde el poeta entra y se quita la máscara que tiene frente a los demás y se muestra como es uno mismo. No es el caso de Iván: Iván es igual a su poesía, por muchas vueltas que den las puertas giratorias.

“Canto a quien” es un lugar perfecto donde perderse para siempre. La poesía de Onia es un lugar seguro (como dice Víctor Pérez en su magnífico prólogo), el único lugar donde se da respuesta a la pregunta que Walt Whitman nunca supo responder, y que aparece en la dedicaría del propio libro.

Disfrutad de él como lo hemos hecho nosotros.