Al tener un largo recorrido este tema de Los Vinos y La Literatura, lo vamos a dividir en tres grandes apartados, posiblemente no sean muy ortodoxos desde el punto de vista historiográfico, pero ciertamente serán muy funcionales para cubrir el objetivo que pretendemos de explicar este interesante romance entre los Vinos y la Literatura.
| Desde los Orígenes al 500 d.c. | Desde el 500 al 1500 | Desde el 1500 a nuestros días |
Desde los Orígenes al 500 d.c.
Sin duda alguna, la literatura es hija de la escritura, está surgió debido a la necesidad de llevar registros administrativos y comerciales, y luego evolucionó para registrar el conocimiento, la historia y la literatura. La escritura se desarrolló de forma independiente en diferentes lugares del mundo, como Mesopotamia, Egipto, China y el valle del Indo.
La escritura ha significado una revolución en el lenguaje y en el psiquismo y, con ello, en la misma evolución humana, ya que es una «segunda memoria» para el ser humano —además de la biológica ubicada en el cerebro—. Esto es tan evidente que se distingue la prehistoria de la historia porque en la primera se carecía de escritura y solo existía la tradición oral, eso apuntaba el filosofo y teórico literario Roland Barthes.
Las primeras formas de escritura eran logográficas en naturaleza, basadas en elementos pictográficos e ideográficos. No obstante, a mitad del III milenio a. C. los sumerios habían desarrollado un anexo silábico para su escritura, reflejando la fonología y la sintaxis del idioma sumerio hablado. Esta escritura logo-silábica fue adoptada por hablantes acadios y eblaítas para sus propios idiomas y luego por los hititas y los ugaríticos. Así este primer sistema silábico se conoce como escritura cuneiforme, Se considera el primer texto escrito y fue encontrado en una tablilla de barro.
Foto: Composición de símbolos y tablilla con escritura cuneiforme.
No es de extrañar que ya en la simbología de lo que posteriormente fue la escritura cuneiforme aparezca el símbolo del vino, pues estamos hablando de una zona donde todos los vestigios arqueológicos hasta el momento presente nos indican que aquí nació el vino. Efectivamente según esas evidencias arqueológicas, los primeros signos de domesticación de la vid tuvieron lugar en la región anatólica – sirio – mesopotámica y a continuación en la transcaucásica, es el denominado “triángulo de la uva fértil”, por autores como Vavilov y Negrul. Y lo que también se ha dado en bautizar como la “Hipótesis de Noé”, basada en la leyenda bíblica del patriarca Noé, que después del Diluvio Universal plantó una vid en el Monte Ararat, localizado en la península de Anatolia y justo en el centro del citado Triángulo de la uva fértil.
Los descubrimientos hechos por McGovern (2003), propulsor de la teoría de la “Hipótesis de Noé”, plantea que los restos mas antiguos de vitis vinifera, podrían datarse en el 9.000 a.c. Así mismo y con la aplicación de su método de “Arqueología molecular”, adelanta que lo que podrían ser los restos de vino más antiguos que se conocen datan del Neolítico, con unas fechas del 5.400 – 5.000 a.c. y han sido hallados dentro de una jarra que estaba en el poblado de Haiji Firuz Tepe, situado en las montañas de Zagros, en el norte de Irán.
En el texto literario épico mas antiguo que se conoce: La Epopeya o el Poema de Gilgamesh, se encuentra la cita mas poética y mas antigua, dedicada al vino, escrito en Mesopotamia (Circa 2650 a.c.), donde se narran las aventuras del rey Gilgamesh de Uruk, basada en poemas sumerios anteriores a esta época.
Foto: Tablillas de barro con el poema de Gilgamesh, escritas en cuneiforme.
Varias son las referencias al vino que jalonan este bello poema; Gilgamesh entra en el reino del sol, donde descubre un viñedo encantado cuyo vino podría concederle finalmente la inmortalidad. Este viñedo se describe en un lenguaje florido: «Rubíes son sus frutos, que cuelgan en racimos, maravillosos a la vista; lapislázuli son sus ramas, y da frutos, deseables a la vista». Pero la guardiana del viñedo, la diosa Siduri Sabitu, se niega a dejarle disfrutar de él.. En otro de los pasajes encontramos: «Bueyes maté para la gente y sacrifiqué ovejas cada día. Mosto, vino rojo, aceite y vino blanco di a los trabajadores para beber, como si fuera agua del río, para que celebrasen como en el día del año nuevo».
Desde esta primea obra literaria que era la Epopeya o Poema de Gilgamesh, hasta nuestros días, el vino, ha estado presente desde distintos puntos de vista en los diferentes tipos de literatura. Existen numerosas referencias tanto a la viña como al vino en textos hititas legislativos, económicos, religiosos y medicinales; La literatura que es una de las bellas artes más antiguas, abarca diversos géneros como la novela, el poema, el cuento y el teatro.
También estuvo el vino presente en los textos de las primeras leyes que se conocen como son las que existen en el Código de Hammurabi. El código cubre muchos temas, incluido el derecho penal, el derecho de familia, el derecho de propiedad, el derecho civil, el derecho comercial, derechos de la mujer y el derecho de sucesiones. Fue grabado en una estela de piedra escrita en acadio.
Foto: Código de Hammurabi grabado en una estela de basalto negro
Creado alrededor del año 1750 a.C. en Babilonia por el rey Hammurabi. El vino no aparece explícitamente en el Código, pero su regulación es mencionada en el contexto de las leyes sobre la venta de vino de forma fraudulenta. La primera ley del vino, que data del año 1750 aC, prohíbe la venta de vino de forma fraudulenta, y quien sea sorprendido actuando de dicha manera, la pena era la de ser ahogado en un río. Esta ley refleja la importancia del vino en la sociedad babilónica y su papel en las relaciones comerciales y sociales.
Ciertamente en estos primeros textos de la historia de la humanidad, nació el cordón umbilical con el mundo de los vinos y desde entonces hasta nuestros días vinos y literatura han formado un binomio casi inseparable. por lo menos en la cultura Indoeuropea. .Ya en el particular genero literario de los denominados textos sagrados de las religiones monoteístas de este conglomerado geográfico que es el indoeuropeo, el mundo del vino tiene una presencia muy significativa, desde el Tanaj es el texto sagrado del judaísmo; el Corán es el del islamismo. Entre las religiones orientales, las escrituras sagradas del hinduismo son los cuatro Vedas y los Upanishad, entre otros. Y la Biblia (compuesta por el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento) es el del cristianismo;
La Biblia creo que es el mas representativo y extenso en su tratamiento y en su relación con la vid y el vino.
La escritura de la Biblia comenzó hace miles de años, con los primeros textos del Antiguo Testamento datados alrededor del siglo X u XI a.C. El proceso de composición se extendió a lo largo de un milenio, con el Antiguo Testamento completado en su mayor parte antes de Cristo y el Nuevo Testamento escrito después de la vida de Jesús, aproximadamente entre el 44 d.C. y el 95 d.C. La Biblia fue escrita por unos 40 autores, en diferentes épocas y lugares, y abarca un período de unos 1,600 años, desde el siglo XV a. C. hasta el siglo I d. C.
Foto: Recreación del libro de la Biblia y su relación con el vino.
El vino en la Biblia se muestra con diferentes facetas, desde considerarse un don o regalo divino, y un símbolo de alegría y celebración, hasta convertirse en una metáfora de la ira divina y la perdición por el consumo excesivo y el pecado, hasta su utilización ritual y festiva; ofrendas y libaciones a Dios. Es una bebida con importancia desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, destacando en milagros como la conversión del agua en vino, precisamente el primer milagro de Jesús en las bodas de Caná, y en la celebración de la Última Cena. Se ha utilizado también como ofrenda y para fines medicinales, San Pablo aconseja a Timoteo a beber un poco de vino por sus frecuentes dolencias estomacales.
Fenicios y griegos fueron los encargados de expandir la vid y el vino por la cuenca mediterránea. El fenicio se convirtió en uno de los sistemas de escritura más utilizados al ser difundido por los mercaderes fenicios a lo largo del mundo mediterráneo, donde fue asimilado por muchas otras culturas que lo adaptaron a sus respectivos idiomas. El alfabeto arameo, una forma modificada del fenicio, es el precursor de los alfabetos árabe y hebreo modernos. El alfabeto griego (y por extensión sus descendientes, como el latino, el cirílico y el copto) deriva directamente del fenicio, aunque los valores de algunas letras se modificaron para representar las vocales.
Lo que con el transcurrir del tiempo se convertirían en las epopeyas griegas mas bellas de la literatura: La Ilíada y la Odisea, que son el pilar sobre el que se apoya la épica grecolatina y, por ende, la literatura occidental. Se convierten en un espejo clarividente del matrimonio entre la literatura y el vino.
Foto: portada de un libro con los dos poemas de Homero
En la Ilíada y la Odisea, los poemas griegos atribuidos a Homero, (c. siglo VIII a. C. es el nombre dado al aedo a quien tradicionalmente se atribuye la autoría de estos poemas épicos ) que narran la guerra de Troya y las aventuras de Odiseo en su retorno a Itaca.El vino es un producto recurrente en los 24 cantos de cada poema épico. Se menciona más de doscientas veces principalmente como acompañante de las carnes asadas, de los sacrificios, de los banquetes y de las comidas, y se describe con los colores negro, rojo o el color del fuego.
Se habla del vino dulce, el vino más dulce que la miel, seguidos del vino viejo y del vino puro, («y las ánforas llenas de dulce y viejo vino, convertido casi en miel por los años…» – Od. C.II-.) y casi siempre se los menciona acompañados de adjetivos calificativos que hablan «de exquisito vino, de excelente vino, del vino que alegra el corazón, y que es delicioso, oloroso o reconfortante». También se menciona extensamente la viña, la vendimia y las pasas, por ejemplo cuando Odiseo describe el país de los feacis «mostraba racimos todo el año, constantemente unos, en un lugar al aire libre, se secaban con el calor del sol, mientras que otros eran pisados para extraer de ellos el dulce zumo» (Od. C. VII).
Tanto en la lectura de la Ilíada como en la Odisea, aparte del disfrute que supone sumergirse en estos bellos poemas, se pude hacer un recorrido, cuasi enológico por los vinos de la Grecia Antigua y por la ecúmene conocida de entonces. Como se tenia que beber el vino y como algunos de ellos eran vinos de añadas; «… Coge con sus manos una copa, mezcló en ella agua pura y un vino delicioso que había estado once años en un ánfora…(Od. C.III)». El vino es un elemento recurrente en estas obras literarias y forma parte de los quehaceres diarios de estas sociedades. En el canto II de la Ilíada el vino sirve para cocinar: » Cortaron los muslos y tras cubrirlos con carne cruda cortada a trocitos, un anciano los puso sobre la leña encendida y los roció de vino tinto». En el canto IX de la Odisea, el vino salva a Odiseo y a sus hombres: están atrapados en una cueva, una gran piedra les frena el paso, dentro está Polifemo, el cíclope gigante e hijo de Poseidón, que se come a tres de ellos; y para salir y salvarse lo emborrachan con vino, lo dejan ciego y tapados con piel de oveja se escapan.
La literatura de la Grecia Clásica también fue tributaria de esta estrecha relación con el mundo de los vinos, así como la escasa literatura que nos ha llegado de los fenicios y púnicos Es precisamente gracias a la literatura que hoy podemos conocer algunas características de los vinos que se elaboraban en aquella época y en aquellos lugares.
Foto: composición texto del cuerpo hippocraticum y escultura de Hipócrates
Así en el denominado Corpus Hippocraticum, es decir, los tratados y escritos hipocráticos son una serie de trabajos médicos atribuidos a Hipócrates (Hipócrates nació en el año 460 a.C., en la isla de Cos, -famosa por sus vinos desde la antigüedad-, donde fundó la escuela médica del mismo nombre), en realidad se deben a un grupo de médicos que posiblemente trabajaron en equipo; pero como Hipócrates fue el más sobresaliente, se le atribuyeron a él todos los escritos, y al que se conoce con padre de la medicina.
Entre las materias tratadas en sus escritos es interesante detenerse en las que guardan relación con la alimentación y forma de vida, en las que podemos observas cuestiones curiosas vistas desde la perspectiva moderna. Los fragmentos recogidos pertenecen a los capítulos que Sobre la dieta aparecen en la obra Tratados Médicos, de Hipócrates. Del ciceón que era una bebida muy usada por los médicos griegos, en cuya elaboración entraban vino, agua, miel y queso o leche. Hipócrates escribía de ella: ”El ciceón hecho con harinas de cebada sólo con agua enfría y alimenta, y con vino alimenta, calienta y es astringente…»
De los vinos hace una exposición muy curiosa; al establecer las bondades de los vinos a partir de los efectos que producen en el organismo humano, una lectura atenta denota la existencia de un abundante número de vinos: Tintos, ásperos y secos; tintos suaves; tintos dulces; blancos ásperos; vinos jóvenes, recién elaborados, nutritivos y aromáticos, es decir, con la astringencia y aromas frutales propias de los vinos jóvenes cuando de tintos se trata; vinos maduros; ligeros y con escaso aroma; blancos y dulces ligeros. En definitiva, un buen surtido de vinos que producían efectos notables en el organismo aún en nuestros días se ha encomendado a determinados vinos la función de estimular el apetito -vinos aperitivos- o la condición “astringente” de los vinos blancos, etc.
Foto: Grabado del siglo XIX: Recreación de la biblioteca de Alejandría, donde fue recopilado por Ptolomeo el Corpus Hippocraticum.
–”El vino es caliente y seco, y tiene de su paso algo laxante además. De los vinos, los tintos y ásperos son más secos, y no son ni laxantes ni diuréticos ni expectorantes.
–“Los blancos ásperos calientan, pero no resecan, y son más diuréticos que laxantes. Los vinos jóvenes son más laxantes que los otros, por estar más cerca del mosto y son más nutritivos.
–“Los ligeros son más diuréticos. Y los blancos y los ligeros dulces son más diuréticos que laxantes, y refrescan, adelgazan y humedecen el cuerpo, y debilitan la sangre.
–“El mosto produce gases y causa perturbaciones y vacía la tripa. Causa gases porque calienta, vacía como una purga el cuerpo, y causa perturbaciones al fermentar en el estómago, y es laxante. Los vinos ácidos refrescan, adelgazan y humedecen.
Durante los siglos V y IV a.c. el esplendor cultural e intelectual se focalizo en lo que posteriormente se conocería como la Grecia Clásica (los territorios que hoy ocupan Grecia, Asia Menor (Turquía), y en varias islas como Creta, Chipre, Rodas y Sicilia (Italia).). convirtiéndose en el centro cultural y político desde donde se promovieron grandes avances en las artes, la filosofía, las ciencias y la política.
En las obras filosóficas griegas, el vino se describe como símbolo de vida, civilización y conocimiento, aunque también se menciona como algo peligroso. Con figuras como Sócrates y Platón que reflexionaron sobre sus propiedades. Era fundamental en los symposia (banquetes filosóficos).
Foto: Representación de filósofos griegos y romanos: Platón, Seneca y Aristóteles
Especialmente en los diálogos El Banquete y Las Leyes, de Platón, el vino tiene un doble papel: en el simposio para fomentar la conversación culta y la sociabilidad, pero se debe consumir con moderación para evitar la irracionalidad. Platón recomienda el uso del vino de forma terapéutica para aliviar las tensiones de la vejez, y establece normas específicas para su consumo según la edad, abogando por la abstinencia de menores, la moderación en la juventud y el consumo libre para los mayores de 40 años para aliviar la senescencia.
Al hilo de estas «normas», es interesante conocer que las mujeres de la Grecia Clásica, sobre todo en la polis ateniense, según el comediógrafo Aristófanes nos señala que uno de los vicios femeninos es beber vino. Pero por cierto, el vino puede actuar como liberador, Eurípides en Las Bacantes muestra cómo las mujeres confinadas al telar y a la rueca dan la bienvenida a la orgiástica liberación prometida por el dios del vino. La participación en el culto dionisíaco permitiría a la mujer escapar del hastioso trabajo esencialmente femenino: el hilado y el tejido.
Otro de los padres de la filosofía occidental y discípulo de Platón; Aristóteles, que escribió sobre las variedades de uva – estudiando variedades como Kapnias y Lemnia – y la producción de vino, abordo el vino desde un punto de vista ético y del disfrute del mismo, mencionando su influencia en la fertilidad, su capacidad para la inspiración artística, pero también indicando la necesidad de su moderación en el consumo.
Al igual que Platón, abordó la moderación en el consumo de vino durante los banquetes. Sostuvo que un consumo excesivo podía desembocar en estados de irracionalidad y enajenación. Sin duda para el mundo de la Grecia Clásica, el vino era un producto divino asociado a Dioniso, el dios del vino y la fertilidad, lo que explica también, su presencia en rituales y festivales.
Foto: portada de una edición del libro de Platón : Las Leyes
Como tantas otras aportaciones de la cultura griega al mundo romano, el vino tuvo aquí, en lo que posteriormente se convertiría en el Imperio Romano, su continuidad, eso sí, con aportaciones de las costumbres y culturas de otros pueblos como los etruscos y los púnicos entre otros.
Existe una amplia literatura sobre tratados agronómicos romanos, que sirven para situarnos en la fuerza, la aceptación y el papel que juega el vino en esta nueva civilización que con el trascurrir del tiempo se convertiría en uno de los imperios mas extensos del mundo antiguo.
Los romanos extendieron el cultivo de la vid y la elaboración del vino a casi todas las zonas que fueron conquistando. Así en toda la literatura del mundo romano – filosofía, política, historia, poesía, tratados – esta presente el vino y su preocupación por esta actividad agrícola tan importante para su economía. Esa preocupación e interés por la vitivinicultura tuvo su plasmación en primer lugar en los tratados agronómicos. Cuyo mejor exponente es el reflejado por el agrónomo Magón, su tratado, situado cronológicamente a finales del siglo IV a.c, se puede considerar la “Biblia” no sólo de la agricultura cartaginesa, sino también de la romana y a través de ésta, de la árabe, y ello a pesar de que no nos ha llegado su obra original. El número de fragmentos atribuibles a Magón es de 66, de ellos, doce tratan sobre la arboricultura frutal y la viticultura. La obra de Magón fue en consecuencia una auténtica enciclopedia agrícola. En este sentido Varrón define la obra como una suma de todos los conocimientos adquiridos en materia agrícola hasta la fecha.
El primero del mundo latino, cronológicamente hablando, es De Agri Cultura de Marco Porcio Catón (234 a.c – 149 a.c.), apodado El Censor. De Agri Cultura es una obra escrita en prosa donde su autor, el más antiguo escritor romano de agricultura, expone detalladamente su empirismo técnico-administrativo. Es una obra dirigida exclusivamente a romanos.
Foto: Composición síntesis de Catón
Los numerosos preceptos y técnicas aconsejadas por Catón como por ejemplo «En el terreno más favorable a la vid y expuesto al sol, plantarás la pequeña Aminea, ya las dos Eugenias, y la pequeña Heluina. En la tierra más grasa y más propensa a la niebla, la gran planta Aminea mayor o Murgentina, la Apicia, y la Lucana. Otras viñas crecen a pesar del tipo de las tierras. Está muy bien en cualquier campo en su mayoría mezcladas con la Duracina y Ammineas mayores son buenas y muy convenientes colgando al suelo, o expuestas en una forja (ahumadas), así como mantenidas las pasas”. Nos esta ofreciendo de paso, un primera relección de las distintas variedades de uvas existentes.
Es evidente que para el mundo romano la agricultura y la ganadería es la actividad económica fundamental y es algo que continuó siéndolo durante toda la antigüedad, era pues la actividad mas habitual y mas típica, y la tierra la forma mas importante de riqueza. La ocupación del agricultor era considerada cercana en importancia a la del soldado, y los romanos distinguidos no desdeñaban su práctica. Durante el periodo del Principado, se presenció la expansión de la agricultura provincial, sobre todo en Occidente. En la economía romana una gran proporción de la fuerza laboral está empleada en la agricultura, que es además la primera fuente de recursos del Imperio, de ella vivían el 90% de los aproximadamente 60 millones de habitantes de todas las provincias. Por ello, conscientes de la necesidad de mantener un numeroso y vigoroso grupo de agricultores, se esforzaron desde muy temprano en inculcar a sus campesinos un conocimiento tanto teórico como práctico sobre la materia.
Así desde Catón hasta Palladio, infinidad de tratadistas y otros escritores (Filósofos, poetas, historiadores, etc.), reflejaron en sus obras el mundo de los vinos y la importancia que este tenía en la sociedad de entonces desde el Oriente Medio hasta Finisterre. Pero sin duda uno de los agrónomos mas conocidos fue Lucius Iunius Moderatus Columella, es decir, Lucio Junio Moderato (o Moderado) Columela, era originario de Gades, la actual ciudad de Cádiz:
Foto: Composición tres agrónomos latinos
Seguramente su infancia y mocedad transcurrieron en tierras de la Bética, donde estaba afincado su admirado tío Marco Columela, De sus escritos hemos conservado la Res Rustica, en doce libros. Por último, casi todos los manuscritos que presentan la tabla de materias al final del libro XI, añaden una nota advirtiendo que, además de los doce libros, existe otro dedicado a Eprio Marcelo que trata de las viñas y los árboles. La aplicación de gran parte de los preceptos indicados por Columela han llegado prácticamente hasta nuestros días y aunque no se pueda decir que fue el padre de la ampelografía, si fue el primero de los agrónomos que dio un amplio repertorio de variedades o casta de uvas, así como de su descripción morfológica y de sus cualidades vínicas y gustativas.
Aunque muchas de sus obras no nos han llegado, sí conocemos los nombres de sus autores, que dividiremos en dos apartados los escritores fundamentalmente de tratados agronómicos y los autores de carácter general
ESCRITORES AGRONOMOS LATINOS:
* Marco Porcio Catón (Tusculum 234 a.c Roma 149 a.c.),
* dos Sarsenas (padre e hijo)
* Cneo Tremelio Escrofa, entre el 59 y el 67 a.c.
* Marco Terencio Varrón nacido en el 116 a.C., y murió en el 27 a.C
* Cayo Julio Higinio (64 a. C. – 17 d.c.)
* Lucius Iunius Moderatus Columella, (4 d.c. – 70 d.c.),
Foto: Composición Portadas de libros de autores latinos
* Comelio Celso; ( ca. 25 a. C.-50 d. C.)
* Julio Ático Primera mitad del siglo I d.c.
* Julio Grecino Primera mitad del siglo I d,c.
* los dos Quintilios, siglo II d.c. .
* Gargilio Marcial de Mauritania. siglo III.
* Paladio (siglo IV),
* Casiodoro en el siglo V. (485 – 580)
AUTORES LATINOS. GENERICOS (poetas, historiadores, oradores, filósofos, geógrafos):
* Publio Virgilio Marón (70 a. C. – 19 a. C.)
* Estrabón (circa 64 a.c circa 24 d.c).
* Tito Livio (59 a.c – 17 d.c)
* Séneca, el Viejo (circa 55 a.c. circa 40 d.c.)
* Cneo Pompeyo Trogo (28 a.c.- 14 d.c.)
* Veleyo Paterculo (circa 19 a.c. circa 30 d.c.).
* Séneca, el joven (circa 4 a.c 65 d.c.).
* Marco Gavio Apicio siglo I d. C.,
* Plinio el viejo (23 – 79 d.c.); Enciclopedista. De su extensa obra “Naturalis Historiae”, en el libro XIV nos habla de la vid, del vino, de su historia, tratamiento y sus variedades. Se le atribuye la conocida frase de «In vino veritas», en el vino esta la verdad Y así nos escribe Plinio: «volgoque veritas iam attributa vino est. interea, ut optime cedat, solem orientem non vident ac minus diu vivunt. hinc pallor et genae pendulae, oculorum ulcera, tremulae manus effundentes plena vasa – quae sit poena praesens -, furiales somni et inquies nocturna praemiumque summum ebrietatis libido portentosa ac iucundum nefas. postero die ex ore halitus cadi ac rerum omnium oblivio morsque memoriae. Su traducción al castellano seria: «Y la verdad ya se ha atribuido al vino por parte del vulgo. Fuera de estos peligros, el bebedor no ve la salida del sol, y viven menos tiempo. De ahí la palidez, caída de los párpados, los ojos legañosos, temblorosas las manos que vierten las jarras, y el sueño perturbado por las Furias, el castigo es inmediato, esta inquietud nocturna, y las recompensas de embriaguez suprema, en una lujuria monstruosa y el sabor de las maldades. Al día siguiente, el aliento tiene el olor de un barril, casi todo se olvida y la memoria está muerta.
* Petronio (m. 66 d.c.).
– Mestrio Plutarco (45 d.c. – 120 d.c)
– Pomponio Mela (hacia 44 d.c.).
– Plinio el joven (61 d.c circa 113)
-Cayo Suetonio Tranquilo (c. 70 -post 126),
– Tácito (circa 55 d.c. circa 118).
– Claudio Ptolomeo (90 d.c. – 168 d.c.),
– Apiano de Alejandría (ca. 95-165 d.c.).
– Galeno segunda mitad del siglo II
Ciertamente, gracias a la literatura de la época, podemos conocer tanto las variedades de uvas que se cultivaban, como los diferentes vinos que se bebían, pues ni unas, ni otros, lógicamente, han llegado hasta nuestros días. Y como elementos perecederos que son tampoco han dejado restos arqueológicos. Sólo a través de los textos los conocemos, así como sus costumbres y en definitiva su cultura vinícola. Entre ellas merecen una mención especial los Banquetes, una costumbre heredada del Symposium griego, que los romanos elevaron y mejoraron.
Uno de los banquetes mas famoso y extravagante es el que se encuentra en la obra del Satiricó de Petroni que incluye la descripción del banquete de Trimalción,, muy exagerado, escrito con mucha ironía y crítica social, los banquetes romanos denominados Convivium, que era un acontecimiento festivo mas allá del simple acto del comer cotidiano. Y el extenso episodio que nos ha legado la literatura romana del festín de Trimalción atribuido al Cayo Petronio, fallecido en el año 66 d,c.
El banquete estaba dividido en varias partes: gustatio, se ofrecían los aperitivos y el mulsum – vino con miel – La Prima mensa o summa comida compuesta por los patos principales y los vinos de categoría como el falerno de 100 año que ofrece Trimalción. La Secunda mensa, equivaldría a los postres. Y por ultimo la Comissiato o sobremesa dedicada principalmente al vino. Se oficiaban los ritos del vino entre los invitados. Aguado en la cratera (a veces con agua del mar), el vino se tomaba caliente o frío, especiado con pimienta,, empegado, aromatizado con mirra, con rosas o ajenjo, mezclado con polvo de mármol o carbón. En definitiva vinos acres, dulces, salados, ahumados, mohosos, resinosos, recocidos, nunca se tomaban puros, sólo los dioses tenían ese derecho.
