LITERATURA

Abril 2007: «Las pequeñas memorias», de José Saramago.

 

Título: Las pequeñas memorias

Autor: José Saramago

«El niño que fui no vio el paisaje tal y como el adulto en que se ha convertido

estaría tentado de imaginarlo desde su altura de hombre.

El niño, durante el tiempo que lo fue, estaba simplemente en el paisaje,

formaba parte de él, no lo interrogaba, no decía ni pensaba, con estas u otras palabras:

¡Qué bello paisaje, qué magnífico panorama, qué deslumbrante punto de vista!»

 

 

 

Cuando llega el mes de abril a la ciudad de Sevilla, los naranjos se llenan de unas pequeñas florecillas blancas. Es el azahar, que se hace dueño de las calles y su aroma se extiende hasta tocar los lugares más recónditos del alma. Y pasa así, de repente… Uno va, un buen día, paseando por las aceras por las que llevas pasando todo el año, y de pronto te asalta el leve olor de la flor de la naranja, y miras hacia arriba y ves que las ramas están llenas de esos ramilletes blancos que te llaman a ser, en ese instante, relativamente afortunado.

En la vida ocurre más o menos lo mismo. Vivimos la niñez, la adolescencia sin conciencia del tiempo ni del paisaje, y un buen día -probablemente frente al espejo o unos segundos antes de dormirnos- nos asalta el vértigo de vernos adulto, aunque sepamos que el niño que fuimos siempre estará en nosotros, que no lo olvidaremos nunca y que en cualquier instante -como el azahar- puede florecer de nuevo, bien sea en un gesto o en una pequeña rama de la memoria.

Las pequeñas memorias de José Saramago es una auténtica delicia. Saramago nos regala este libro sobre su niñez a sus ochenta y tres años de edad. Podría haber escrito uno sobre su vida entera, sobre sus triunfos como escritor o su ajetreada vida política y social, pero lo ha hecho sobre sus primeros años de vida, sobre su origen humilde, sobre el descubrimiento de las sensaciones -olores, sabores, tacto…- sobre el cruce del umbral del miedo y de los primeros amores. Vuelve a su infancia, a su pueblo natal y a su casa que ya no existe, y nos deleita con un texto lleno de calidad literaria y de reflexiones sobre el mundo del adulto, frente al espejo de ese niño que nos acompaña hasta el último día de nuestra vida. Nos gustaría contaros muchas más cosas sobre él, pero nada es comparable a su lectura pausada. Os recomendamos que vayáis a la librería más próxima y no dudéis en hacer llegar este libro a vuestras manos, a vuestra biblioteca, y -como si fuera azahar- dejaros tocar por sus palabras los lugares más recóndito del alma, o comoquiera que se llame eso que nos va haciendo más o menos humanos.

 

José de Sousa Saramago nació en Azinhaga (Portugal) el 16 de noviembre de 1922. Tras una humilde infancia, y trabajar como administrativo de la Seguridad Social, comenzó a escribir en 1944, publicando su primera obra, Terra de pecado, en 1947, sin mucho éxito. Alternó diversos trabajos administrativos con sus colaboraciones periodísticas y críticas literarias, hasta que en el año 1976 decide dedicarse exclusivamente a la literatura. En el ámbito político formó parte del Partido Comunista Portugués, cuando aún era clandestino, participó plenamente en la Revolución de los Claveles, tras sufrir la censura y la persecución durante los años de la dictadura de Salazar. Galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1998 es, sin duda alguna, uno de los escritores más conocido y universal de la literatura contemporánea.

Con una amplia trayectoria literaria, se dio a conocer en nuestro país con la publicación de El año de la muerte de Ricardo Reis, en 1985, con una gran acogida tanto de los críticos como de los lectores. Entre sus obras más conocidas, podemos destacar Historia del cerco de Lisboa, La balsa de piedra, El Evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la ceguera, La caverna, El hombre duplicado, Ensayo sobre la lucidez o Las intermitencias de la muerte. Hasta su fallecimiento en junio de 2010, vivía su estancia entre Lisboa y la isla española de Lanzarote.