LITERATURA

Junio 2005: «Cantos Íberos», de Gabriel Celaya.

 

Título: Cantos Íberos

Autor: Gabriel Celaya

A mis amigos de los Astilleros de Sevilla, quienes me han hecho descubrir sentimientos

que yo creía que no iba a encontrar nunca.

A todos ellos, por su incansable lucha,

porque piden ser, piden ritmo,

piden ley para aquello que sienten excesivo.

cantos iberos

El lector busca siempre incesante qué nuevo libro llevarse a los ojos tras su última lectura, recorre librerías, lee revistas especializadas o recurre a extensas páginas de internet esperando encontrar el libro de sus sueños. Pero, entretanto, mira sus estanterías repletas de volúmenes y acaricia con los dedos los lomos, uno a uno, recordando cuántas cosas le dijeron esas páginas.

Cantos Íberos, de Gabriel Celaya, debe ser uno de ellos. Aún siendo un libro editado hacia 1955, sus poemas mantienen el aire fresco de la poesía útil, cargada de futuro, de un mensaje que sigue sirviendo ahora, porque en lo esencial el hombre sigue siendo el mismo, no ha cambiado en nada. En Cantos Íberos, Celaya clarifica el mensaje que ya se intuía en anteriores publicaciones suyas: la poesía como instrumento que puede transformar el mundo, comprometida con su momento concreto – no intemporal – y como un modo más de hablar, que sobrepase la frontera de sus propias palabras. Un libro que hay que leer y sentirlo.

 

La poesía es un arma cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

 

 

Gabriel Celaya nació en Hernani (Guipúzcoa) el 18 de marzo de 1911, y su verdadero nombre era Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta Cendoya. Estudió de pequeño en el colegio Marianista de San Sebastián y, posteriormente, en la Universidad de Madrid la carrera de Ingeniería Industrial, la cual ejerció hasta 1956, cuando ya la abandonó para dedicarse exclusivamente a la literatura.

Su vida fue extensa tanto en obras (poesía. ensayos, narrativa, teatro,…) como en acontecimientos. Abocado por diversos problemas de salud desde muy joven, participó en la guerra civil en el ejército republicano, y como candidato del Partido Comunista de España en la primeras elecciones legislativas de 1977 en Guipúzcoa. Consiguió varios premios a lo largo de su vida, pero cabe nombrar especialmente el Premio Nacional de las Letras Españolas en 1986. Murió el 18 de abril de 1991.