LITERATURA

Junio de 2012: “El pintor de mujeres sin rostro”, de Enrique Becerra.

Título: El pintor de mujeres sin rostro

Autor: Enrique Becerra

 

 

Es novel de novelas, pero no en las librerías. Autor de El gran libro de la tapa y el tapeo, La gran aventura de montar un restaurante y Recetas con historia, Enrique Becerra acaba de publicar la primera novela que, en su marcador literario, es el cuarto libro que escribe. Se titula «El pintor de mujeres sin rostro» (Algaida). En este relato cuenta la vida de Rodrigo, un hombre de unos cincuenta años anodino, monótono, gris y solitario. Su vida se limita a su labor como trabajador social en una residencia de ancianos, su afición a la pintura, aunque sólo pinte pequeños lienzos de giraldas para los turistas y deslumbrantes mujeres con todo tipo de ropajes, en todo tipo de poses, pero sin rostro. Su único “lujo” es tomarse cada día un par de vasos de valdepeñas blanco en la bodega Morales mientras escudriña entre la clientela en busca de ese rostro para su mujer perfecta.

Todo ello comienza a tambalearse el día en que, en Morales, entabla conversación con una misteriosa dama que, en unos pocos encuentros alrededor de un par de vasos, le hace recordar y replantearse toda su vida mientras en la residencia otro personaje no humano anuncia bajas entre los asilados.

Una historia que engancha al lector desde su primera página, con personajes bien definidos, como lo es Rodrigo, un personaje redondo que conquista al lector desde el primer capítulo. Igual que su madre, Rosa, que murió teniendo su único hijo ocho años, pero que es la protagonista indiscutible de los capítulos contados en flashback, junto con sor Aurora. Pero el autor ha huido adrede de la tentación de “engordar” personajes secundarios para incrementar innecesariamente el número de páginas; aunque hay dos o tres de ellos que se merecen novela propia. El lenguaje es sencillo, sin aspavientos ni circunloquios, pero con un punto de delicadeza.

Y Sevilla, siempre presente en la novela, casi en cada página, pero muy discretamente. Ella está allí. Es el escenario perfecto, pero nunca la protagonista. Pero, al menor descuido, puede robarles terreno a los otros personajes.

Su lectura es, sin duda, recomendable.