Tenía ganas de volver a uno de esos restaurantes clásicos, de los que solíamos decir que eran de toda la vida. Bueno sin duda, unos mas antiguos que otros, pero siempre han estado ahí, en el imaginario popular, a los que solíamos acudir en momentos especiales, cuando había algo importante o destacado que celebrar. Pues bien en esta ocasión hemos vuelto a visitar uno de esos clásicos sevillanos, el restaurante Becerrita. Situado en el intersticio de la ciudad vieja y la nueva, en la ronda histórica, en la margen derecha del antiguo arroyo del Tagarete, por donde entro Julio César con sus legiones para sofocar la rebelión de los seguidores sevillanos de Pompeyo, es decir entre la Puerta Osario y la Puerta de Carmona.
El restaurante Becerrita, sigue perteneciendo a ese grupo de establecimientos que continúan ofreciendo una gastronomía, yo diría, que con características autóctonas sevillanas, de los que cada vez van quedando menos, ya que la gran mayoría de los nuevos establecimientos que se abren, responden mas al patrón de la cocina moderna, innovadora, de diseño, bueno de todo tiene que haber en «la viña del señor». Creo que una de las cosas mas importantes, en cualquier caso, es la calidad del producto y la sabiduría para su elaboración. Y ciertamente en este caso, del restaurante que recomendamos para este mes de septiembre esas dos premisas se dan con clara y mas que notable presencia. Becerrita es un restaurante que hunde sus raíces en el negocio que monto el padre Enrique Becerra, del actual propietario – Jesús Becerra – en el año 1968 con el nombre «Picacho», aunque su fundación como tal restaurante Becerrita fue en el año 1988, si contamos desde aquí, se encuentra próximo a cumplir 50 años, eso es también una garantía de solvencia y prestigio.
El edificio que acoge este templo culinario, es característico de la arquitectura regionalista, obra del arquitecto sevillano, D. José Espiau Muñoz, uno de los grandes idealistas del Regionalismo en Sevilla. Su interior se caracteriza por un perfecto ensamblaje de creatividad entre interiorismo y cultura y arte con sello sevillano.
En Becerrita se distinguen claramente tres espacios; la terraza en plena acera de la calle Recaredo, la barra para tapear y los comedores. Bien decimos los comedores en plural, pues cuenta con seis comedores, cada uno una capacidad determinada y con su propio nombre; Comedor Puerta Carmona es el mayor con una capacidad de unas 45 plazas, Comedor Imperial, con unas 12 plazas, Comedor Pilatos para unas 14 plazas, comedor Enrique con 5 plazas, comedor Medinaceli el mas pequeño con tres plazas y comedor de tapas con unas 30 plazas, quizás el mas informal.
Todos ellos bien vestidos y muy confortables, esta dovosoón del espacio en varias estancias separdas, dan la posibilidad de una mayor privacidad entre los comensales. Todo ello acompañado de un servicio muy atento y profesional, es algo que de verdad se agradece, saber que uno esta bien asesorado con los platos y bebidas que se van a degustar.
Estos restaurantes que hemos denominado clásicos o tradicionales, de los cuales en Sevilla ciudad quedaran entre doce y quince, que mantengan un nivel alto de calidad como es el caso del restaurante Becerrita, mantienen unas serie de características que son denominador común, la primera es la calidad del producto, donde prevalezca la excelencia, lo segundo sus fogones, siempre dirigidos por manos expertas y creativas. Y todo ello se refleja en una carta sugestiva y atrayente.
La propuesta de Restaurante Becerrita se basa en la cocina Andaluza y Sevillana, compuesta por platos de la antigua cocina regional, así como otros de creación propia.
Así ofrecen una carta muy bien surtida y estructurada, con sus entrantes, que suelen ser platos para compartir, algo muy habitual en comidas de grupos, en este apartado destacan los alcauciles rellenos con crema de queso payoyo, el hígado fresco de pato al Pedro Ximénez, la parrillada de verdura, Albondiguillas de Zamburiñas y Gambas sobre Salsa de Calabacines, croquetas de cola de toro. Y como no su jamón ibérico con D.O Sierras de Huelva. Y la exquisitez del caviar de Riofrio.
En pescados destaca una amplia propuesta de platos cuya base es el atún rojo de almadraba. Desde la Empanada de Mormo de Atún Rojo con Salsa Americana, hasta Parpatana de Atún Rojo a la Brasa con Salsa al Whisky y Patatas Panaderas Fritas, pasando Descargamento de Atún Rojo Trinchado Sobre Arroz Frito. También ofrece, un seleción de pescados según mercado.
En carnes, tamnpoco se quedan cortos, ni en diversidad, ni en calidad. Así desde el guiso de cola de toro «sevillana» hasta las chuletas de vaca frisona, sin olvidar el lomo bajo de vaca rubia gallega y las chuletitas de palo de cordero lechal. Su repostería es de elaboración casera. Y cuentan también con un amplio surtido de vinos de distintas denominaciones de origen y zonas vinícolas, sobre todo españolas. que conservan en una cava con temperatura y humedad controlada, adosada a uno de los muros del comedor de tapas.
Nosotros en esta nueva visita al restaurante Becerrita nos inclinamos por compartir la ensaladilla de gambas, un amigo mío dice que si la ensaladilla de un establecimiento esta buena, es una tarjeta de presentación de los próximos platos y esta estaba extraordinaria, junto a un tomate de los Palacios con ventresca de pez de espada aliñada. Todo ello acompañado de un fino Tío Pepe en rama.
Como plato principal, uno de los comensales se pidió el lomo de corvina y el otro comensal se decidió por el atún, en este caso morrillo de atún rojo, dice otro amigo mío entendido en pescados, que esta es la mejor parte del atún. El cava que acompaño estos platos fue un Roger de Flor. Y para terminar degustamos uno de sus postres casaos, un tocino de cielo con helado. Ciertamente Becerrita merece otra visita para seguir probando su excelente propusta culinaria.
