Este capitulo por su contenido y extensión, lo dividiremos en dos partes. La primera que abarcará del año 500 hasta el cambio de siglo. Y está segunda parte que incluirá toda la Baja Edad Media, desde aproximadamente el año 1000 al 1500.
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DESDE EL 500 AL 1500 (2ª PARTE)
Una vez superado el primer milenio de la era cristiana, nos adentraremos en los primeros quinientos años del segundo milenio, lo que se llamará, siempre desde el punto de vista del etnocentrismo europeo, la Baja Edad Media. Para estos siglos, tres serán los focos geográficos en los que la literatura y los vinos tendrán importantes nexos de unión, pues el resto de los territorios conocidos hasta entonces, el vino y las viñas no tenían aún un peso especifico,
Estos tres focos, no son otros que los restos del imperio bizantino, los territorios con domino del Islam y el puzle de reinos, principados y ducados de Europa, principalmente del centro y norte. A pesa de esta fragmentación tan dispar del territorio objeto principal e nuestra exposición sobre los vinos y la literatura, podemos aventurar algunas características que le son comunes grosso modo en este periodo de la Baja Edad Media.
Foto: Mapas de la Europa del S. XI y el S. XIV
Aún huyendo de generalizaciones poco identitarias de los diversos estados, naciones e imperios de este vasto territorio, podemos decir que en estos siglos se produce un resurgir de la cultura, de la ciencia y de las artes, entre otro motivos impulsados por los avances económicos, la agricultura, la artesanía y sobre todo por el comercio, reactivándose las rutas de larga distancia que conectaban Oriente con Occidente.
De nuevo las ciudades comenzaron a desarrollarse y se volvieron a convertir en centros de actividades económicas y culturales. En estos siglos nacerá una nueva clase social; la Burguesía, compuesta inicialmente por banqueros, comerciantes y artesanos.
De los tres focos que comentábamos al principio, podemos decir que para el Imperio Bizantino, surge un nuevo tipo de escritor que no es ni monje ni funcionario, sino intelectual, o incluso poeta profesional, ansioso por compartir su experiencia personal en novelas de aventuras o amor. Sin embargo, la tradición sigue siendo utilizada no solo como fuente, sino también como un medio para interpretar la realidad. un cierto humor hace una entrada tímida en la literatura. El período que va desde la captura de Constantinopla por los Cruzados (1204) hasta la conquista por los turcos otomanos (1453) es de desánimo. Ya no se cree en la asistencia divina para garantizar la victoria de la ortodoxia sobre los bárbaros. Nace una concepción trágica de la historia.
Otro de los focos reseñados; el Islam, paso de una producción literaria revestida de un inocultable carácter religioso, las sunnah, el tafsir o Comentario sobre el Corán, a la popularización de una literatura en las que sobresalen las crónicas de viajes. Pero sin duda es «Las mil y una noches» la obra capital que le ha dado a la literatura de los musulmanes un estatus de consagración.
Foto: composición: el vino bodas de Caná y la literatura de la Baja Edad Media
Los musulmanes se distinguieron tanto por la importancia que prestaron a los estudios religiosos, como a los filosóficos y científicos. Entre un nutrido elenco de pensadores sobresalió ibn Rushd, más conocido por su nombre latinizado Averroes. Nacido en Córdoba, Al-Ándalus, en 1126. fue un destacado médico, jurista, filósofo y matemático. Entre sus obras destacan una enciclopedia médica y los ensayos filosóficos “La incoherencia del incoherente” y “Sobre la armonía entre la Religión y la Filosofía”. Falleció en Marruecos, en 1198.
Y el tercer foco compuesto por los reinos, principados, ducados que componían en estos siglos Europa, donde comenzaba a desarrollarse una literatura influenciada por las tres grandes corrientes de esta Baja Edad Media: el mester de juglaría (épica popular), el mester de clerecía (literatura culta y religiosa) y la lírica culta (poesía de trovadores). Florecieron géneros como la novela de caballerías, la épica, la lírica amorosa y la didáctica.
En la conocida como Baja Edad Media, la producción de vino aumento vertiginosamente y en consecuencia también su consumo. Italia por ejemplo era, además, el centro del comercio vinícola en todo el Mediterráneo y hacia la Europa continental. Durante la época medieval en Europa, las barricas y las cubas de madera se convirtieron en el principal método de almacenamiento y transporte de vino. Las barricas, generalmente de roble, facilitaban la manipulación y el transporte de grandes cantidades de vino.
Foto: Representación de diversas formas del trasporte de vino
Y como indicábamos al principio, en estos siglos se produjo la reactivación de las rutas comerciales tanto en Occidente como en Oriente. Entre los siglos XI y XV, los mercaderes, campesinos y arrieros tejieron una red de intercambios que unía puertos, aldeas y ciudades, para ello se valieron mucho del valioso legado de la red de calzadas romanas (desde Britania a Mauritania, desde Hispania a Siria). A pie, en mulas, en carretas o por los ríos y a través de la navegación marítima, transportaban lana, vino, hierro o aceite, desafiando guerras, pestes y fronteras.
Los vinos de aquellos siglos no estaban exento de frecuentes defectos, especialmente un toque acético frecuente, oxidaciones, alteraciones microbiológicas, etc. que se disimulaban en el momento del consumo con la adición de especias, hierbas y diversos aromas, a veces incluso endulzándolo, algo que como ya hemos vistos se hacia desde tiempo pretérito, y que continuaran haciéndose durante varios siglos mas.
Foto: Ilustración de una vinatería medieval
Por encima de la diversa tipología de vinos (blancos, tintos, dulces, etc.) que pudieran existir tanto en oriente como en occidente y en los diferentes califatos, sultanatos o reinos de taifas existentes, lo cierto y verdad es que se distinguían dos tipos de vinos; el bueno y el corriente. El bueno era el vino de categoría que ya desde época romana lo conocíamos (como el famoso vino de Falerno). Solía ser el vino de mas graduación, en mucho de los casos vinos con crianza y vinos que por lo general estaban reservados para la nobleza y las clases pudientes. .Y el vino que denominaremos «corriente» un vino mas ligero de mas baja graduación alcohólica, a menudo diluido en agua.
Los vinos en la literatura tendrán en estos siglos un fuerte nexo de unión y serán bastante prolíficos, daremos un repaso, quizá, a los mas importantes o conocidos, donde los vinos y la vid aparecen desde distintos ángulos, y con distintos significados. .
En El Cantar del Mio Cid, como uno de los grandes textos del cantar de gesta, se trata de la primera obra poética de la literatura española, que se conserva casi íntegramente, datada hacia el año 1200 y de autoría anónima. Aunque su tema principal es la recuperación de la hora perdida del héroe, todo ello se da dentro de un entramado de la nobleza de la época, y no podemos olvidar que en la Edad Media el vino se asociaba a la nobleza y la alegría de vivir.
Foto: Composición representación del Mio Cid y texto del poema
Se describe también como una forma de socorrer al debilitado, como cuando don Rodrigo asiste al debilitado conde de Barcelona, contumaz en su decisión de no comer: Comed, conde, de este pan y bebed de este vino; / Si lo que digo hiciereis, saldréis de cautivo … El vino simboliza la grandeza y el estatus social de las personas. A su vez se establece un contraste entre el agua y el vino. Mientras que el agua se asocia con la pureza y el bautismo, el vino se asocia con la alegría y la celebración, lo que refuerza su papel en la representación de la alegría y el placer.
En aquella siglos, el vino no solo se consumía por placer y para calmar la sed, sino que también se consideraba beneficioso para la salud, una especie de remedio para los enfermos. El vino no fue excluido definitivamente de los tratados médicos oficiales hasta el siglo XVIII. Se les daba a pacientes y peregrinos en los hospitales. Incluso a los pobres se les proporcionaba pan y vino como alimento básico. Las calorías que aportaba el vino eran muy importantes para complementar las comidas diarias . Era frecuente que los ciudadanos adinerados donaran vino a las instituciones benéficas, donaciones que se registraban meticulosamente tanto en la contabilidad de las instituciones como en la de los hogares de los benefactores. De hecho, en aquella época, el agua potable era muy insalubre : los ríos y los pozos solían estar sucios de lodo y desechos, y el agua se contaminaba fácilmente con microorganismos que causaban disentería u otras enfermedades. Por esta razón, se consideraba más saludable beber un vino aunque fuese ligero, en bajo contenido alcohólico puede ser suficiente para eliminar algunos microorganismos.
Gonzalo de Berceo (Berceo, c. 1196-c. 1264) fue un poeta medieval, uno de los máximos representantes del mester de clerecía. Profesó como monje en el monasterio de San Millán de la Cogolla. llegó a ser un clérigo secular que trabajó primero como diácono (1221) y luego como preste o presbítero (1237), maestro de los novicios y, notario en efecto del abad Juan Sánchez en el monasterio de San Millán de la Cogolla. Berceo inauguró la senda de la poesía erudita, en contraposición con la desarrollada por la poesía épica popular y la de los juglares.
Foto: Composición Gonzalo y obras mas destacadas
Sus obras, son estrictamente religiosas y se suelen clasificar en tres grupos: vidas de santos, obras marianas y obras de temática religiosa más amplia, de tipo doctrinal. Los poemas hagiográficos, sobre santos locales (Vida de San Millán, Vida de Santo Domingo de Silos y Vida de Santa Oria), se basan en fuentes latinas y en tradiciones del propio monasterio.
La obra de Berceo, si bien no está centrada el vino, tiene la virtud de intégralo de manera simbólica para enriquecer su mensaje religioso. Al hablar del vino en la obra hagiográfica de Gonzalo, es cierto que venga a nuestra mente la conocida segunda estrofa de la Vida de Santo Domingo de Silos, donde el poeta parece rogar por «un vaso de bon vino» como recompensa a escribir la vida del santo: «Quiero fer una prosa en román paladino en qual suele el pueblo fablar con so vecino, ca non so tan letrado por fer otro latino, bien valdrá como creo, un vaso de bon vino»
A lo largo de la obra de Vida de San Millán de la Cogolla, el término «vino» aparece en trece (13) ocurrencias La mayor parte se corresponde con el milagro de San Millán, en el que da de beber a una gran multitud un vino inagotable. (…)» ca fazié grand calura, bebrién de grado vino de uva bien madura; el vassallo de Christo sedié en grand pressura, ca tenié poco vino, una chica mesura. Padre de los mezquinos, el varón esforzado, firme por en las cueitas, del Crïador amado, mandó qe s’assentassen las yentes por el prado, qe lis diessen del vino qe li avié sobrado. Posáronse las gentes, adussieron el vino, cabriélo refezmientre en un chico varqino, mandó el omne bueno al so architriclino qe non desamparasse nin rico nin mezquino. Bendisso él los vasos con la sue santa mano, ministrólis el vino el so buen escanciano; non ovo grand nin chico nin enfermo nin sano qe non tenié el vino delante sobejano (…)
Foto: Multiplicación del vino. Arqueta de San Millán
Otra perspectiva del vino que nos deja Berceo es la referente al papel que jugaba esta bebida en el pago de impuestos: la lista de bienes materiales y alimenticios que donan los pueblos cercanos al monasterio de San Millán debido al Privilegio de Fernán González, mientras que la última referencia funciona como una queja, más bien metafórica, de que en la actualidad del poeta no se cumplen estos tributos: «Unas tierras dan vino, en otras dan dineros. Melgar e Astudiello puesto fue e jurado, qe un pozal de vino diesse cada casado. Si estos votos fuesen lealment’ envïados, estos santos preciosos serién nuestros pagados, avriemos pan e vino, temporales temprados, non seriemos com’ somos de tristicia menguados».
Alfonso X El Sabio; (1221[ – 1284), fue el rey de Castilla y de los demás reinos intitulados entre 1252 y 1284. Además, es reconocido por la obra literaria, científica, histórica y jurídica realizada por sus escribas reales. Alfonso X patrocinó, supervisó y a menudo participó con sus propios escritos con un conjunto de intelectuales latinos, hebreos y musulmanes conocido como la Escuela de Traductores de Toledo, en la composición de una ingente obra literaria. Elaboró de su pluma las Cantigas de Santa María y varios otros versos,
Foto: Reproducción de las Cantigas de Santa María
Dos tipos de planteamientos sobre la vid y el vino podemos encontrar en la obra literaria de Alfonso X el Sabio. Así como un tercer planteamiento en su vinculación personal y como monarca en el mundo de los vinos. En este tercer planteamiento, no podemos olvidar que fue propietario de importantes viñedos y Como monarca, Alfonso X impulsó definitivamente los vinos de Jerez tras su reconquista a los árabes en 1264, dando realengo al antiguo protectorado islámico de Sherish, potenció y blindó unos viñedos que le reportarían pingües beneficios al fisco real. A los vinos del Ribeiro del Miño y del Avia los encumbró a la literatura universal con la mejor propaganda posible, asegurando en la cantiga de título «Com’eu en dia de Pascoa queria ben comer» que uno de sus máximos placeres para él sería beber «[do] bon vinho d’Ourens (…)»
En cuanto a su producción legal, sólo cabe recordar que unificó y amparó las normas de garantía y calidad en la distribución de vino («E fi alguno a abiéndas echa algo malo en el vino, es obligado a enmendar todo el daño que por eto vino», ley 13, titulo 15, partida 7).
En sus obras, Alfonso X destaca el vino como parte esencial de la liturgia cristiana, representando la sangre de Jesucristo en la Eucaristía. El texto de las Partidas de Alfonso X menciona cómo el vino se transforma en la sangre de nuestro Señor sobre el altar. Otra de las perspectivas con la que trata el mundo de los vinos es el cultural y productivo, promoviendo su cultivo y comercio. La vid y el vino también se asocian al conocimiento, al deleite y al disfrute de una buena mesa. la frase que procede directamente de su boca: «quemad viejos leños, leed viejos libros, bebed viejos vinos, tened viejos amigos».
Entre las obras literarias musulmanas, Las Mil y Una Noche se ha convertido en una pieza universal. No hay una única fecha de escritura para Las mil y una noches, sino que es una colección de cuentos que se formó a lo largo de muchos siglos, con sus orígenes en la tradición oral entre los siglos VII y X en regiones como la India, Persia y Arabia. Se considera que el proceso de recopilación y escritura tuvo lugar principalmente entre los siglos VIII y XV. La introducción de la obra en Europa se produjo a principios del siglo XVIII gracias a la traducción de Antoine Galland.
Foto: Composición portada libro de Antoine Galland. y dibujo de las mil y una noche
Esta recopilación anónima de cuentos populares de Oriente Medio, cuya estructura principal se basa en la historia de Sherezade, una joven que para salvar su vida le cuenta historias al rey Shariar cada noche, deteniéndolas en el momento más álgido al amanecer. Es una obra multifacética con orígenes en el mundo persa, indio y árabe, que incluye historias de aventura, magia, amor y moralidad, y que ha sido adaptada a numerosos formatos como libros, obras de teatro y series de televisión.
Como ya hemos visto en otros apartados, en la cultura árabe-persa el consumo del vino y bebidas alcohólicas estaban prohibidos por el Islam. Pero también hemos visto, como a pesar de esta prohibición, el consumo del vino por el mundo musulmán ha estado presente en muchas circunstancias y contextos. En los cuentos que componen Las Mil y Una Noches, a veces se centran en la idea de la vid como un símbolo de la naturaleza y su fertilidad.
Foto: Representación de Sherezade y el sultán
A pesar de la prohibición del vino, la vid sigue siendo un símbolo de abundancia y prosperidad, ya que las uvas se usaban para hacer jugos, pasas o alimentos. El vino aparece en escenas de banquetes y reuniones privadas, sugiriendo un lujo o una forma de entretenimiento para los personajes más pudientes o que se encuentran fuera de la moral pública. En el cuento de Simbad el marino, el su quinto viaje Simbad utiliza el vino para emborrachar a un viejo monstruo que lo mantenía cautivo. El vino es descrito como tan bueno y reconfortante que el monstruo se relaja, canta y hace cabriolas. El vino formaba parte de la dieta de todos los barcos que surcaban el Mediterráneo.
El vino en aquellos siglos de la Baja Edad Media, cumplía muchas funciones, no sólo era un elemento simbólico para los cristianos en la Eucaristía o era un anhelo para los musulmanes en su paraíso: «ríos de vinos» lo recorrerán según el Corán. El vino era considerado en muchos casos como una medicina que curaba o paliaba algunos males; era también considerado como un alimento y por supuesto era también un elemento de disfrute y goce y todo ello y algunos aspectos mas son recogidos en la literatura de estos siglos.
Otra de las obras literarias, en este caso del siglo XIII de gran importancia y trascendencia será la Summa Theologica de Santo Tomas de Aquino, (1224 – 1274) fue un presbítero, fraile, teólogo, filósofo y jurista católico perteneciente a la Orden de Predicadores, Y una de las mayores figuras de la teología sistemática.
La Summa Theológica es un tratado de teología, un compendio de catecismo en forma de suma de todas las principales enseñanzas teológicas de la Iglesia católica, concebida como un manual para la educación teológica de los estudiantes.
Foto: Portada del Summa Theológica
Pero en esta obra tan profunda y trascendental para la iglesia católica y sus seguidores, de textos tan concienzudos y de tanta inspiración intelectual, el vino también tiene su presencia, eso sí una presencia contextual dentro del marco de la Eucaristía, donde el vino se convierte en la sangre de Cristo. Santo Tomás de Aquino analiza la transubstanciación, la conversión del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, que simboliza el sacrificio de Jesús. La Eucaristía, con el vino como parte esencial, simboliza la nueva alianza entre Dios y la humanidad. Sin duda alguna, Santo tomas estaba bien familiarizado con e vino, primero por su lugar de origen, Aquino, zona de vinos en la región del Lazio y por su pertenencia a la orden de los dominicos conocedores de las bondades del vino y buenos vitivinicultores.
Casi durante dos siglos, de 1096 a 1291, los territorios de los que estamos hablando se vieron convulsionados por Las Cruzadas, una serie de guerras religiosas impulsadas por la iglesia católica de occidente bajo la dirección de los sucesivos papas, el objetivo recuperar para la cristiandad el Oriente Próximo conocido como Tierra Santa. Fue también un vehículo de intercambios de culturas, costumbres y como no, de diversos productos y mercancías, entre ellos el vino, entre otros motivos porque formaba parte de los alimentos de los ejércitos, sobre todo de los del ámbito occidental y bizantino.
Del primer siglo de esta larga contienda entre cristianos y musulmanes, encontramos también diversos tratados de agricultura del mundo árabe, como el conocido Kitab al Filaha (Libro de Agricultura) escrito por Ibn Al-Awwam, originario de Sevilla, en la segunda mitad s. XII- mediados s. XIII, es un importante tratado enciclopédico que recoge todo el saber agrícola y zootécnico de su época. El tratado, que se considera el más completo de la época, incluye información sobre más de 400 especies de plantas, técnicas de cultivo, riego (incluido el «goteo»), fertilización, manejo de ganado y apicultura, y fue traducido al español en el siglo.
Foto: Portada del libro de Agricultura de Ibn Al-Awwam
En el extracto sobre la producción del vino Ibn Al-Awwam menciona dos motivos principales por los que se elabora el vino dulce que coinciden totalmente con los tratados clásicos romanos: Mejorar el sabor, y ampliar la gama varietal de los vinos para poder conservarlo durante más tiempo. Muchas de estas técnicas eran empleadas para mejorar los mostos de mala calidad, o conservar el vino, llegando a los extremos de que esta técnica se empleaba para toda la cosecha,
Además podemos encontrar una mención sobre los usos medicinales del vino y sus beneficios para la salud; se habla de que el amostazado puede aliviar diferentes males, como por ejemplo: «dilata la respiración , despierta la orina, abre los poros, purifica el bazo», etc .
Una de las grandes obras del Mester de Clerecía (género literario de poemas narrativos cultos, cultivado en los siglos XIII y XIV por autores como los clérigos y otros hombres con formación), y considerada una de las obras cumbres de la literatura, no sólo de la Edad Media, sino de todos los tiempos, es el Libro del buen amor, de Juan Ruíz arcipreste de Hita. Su argumento es el relato de la autobiografía ficticia del autor, En él aparecen representadas a través de sus amantes todas las capas de la sociedad bajomedieval española.
El autor de la obra, que proviene de una localidad y comarca con tradición vitivinícola, nos refleja el conocimiento y la experiencia que había adquirido en esta comarca de la Alcarria. Así nos lo presenta con la faceta ambivalente que caracteriza a esta bebida reflejando tanto sus peligros como sus bondades. También muestra su aspecto simbólico en la unión de Baco y Venus, es la unión del vino y el amor como compañeros inseparables. En el Libro de Buen Amor, el autor nos ofrece un amplio catálogo del mundo de su época: como las comidas y bebidas propias de las distintas estaciones del año y de las regiones que las producían. Sabemos que el vino jugaba un papel fundamental entre las bebidas medievales y que era altamente apreciado en todas las clases sociales.
En el Libro de Buen Amor, el vino aparece mencionado varias veces casi siempre rodeado de un halo alusivo a la desmesura, como algo excesivo e incontrolable. De ahí que se le asocie como conductor directo a la absoluta perdición y condenación del hombre como se puede ver por ejemplo en el cuento del ermitaño; «Feçiste por la gula a Lot, noble burgés, bever tanto que yugo con sus fijas, pues ves a fazer tu forniçio: ca, do mucho vino es, luego es la loxuria e todo mal después »
En el fragmento de la alegoría de la Batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma: «Como avía el buen omne sobramucho comido, con la mucha vïanda mucho vino bevido, estava apesagado e estava adormido; por todo el su real entró el apellido »
Foto: Representación de Don Carnal como un hombre grueso encima de un barril de vino
En la tienda de Don Amor En ella se enumera el menú que consumen, propio de la región en cada estación, y el proceso de la siembra, la cosecha de los viñedos y la preparación y consumo de los vinos: y carne «salpresa», con «chervías» o cenorias y «verças», acompañada de vino adulterado con yeso (para darle más color y acidez), o con agua o flores (hierbas), y «fazié çerrar sus cubas, henchirlas con enbudo, / echar deyuso yergos que guardan vino agudo» mientras el «chico enano», febrero, «mandava poner viñas para buen vino dar» las cuales darán sus frutos en agosto, «El primero comía ya las uvas maduras, / el segundo, «comienza a bendimiar uvas de los parrales» y, el tercero, «Pisa los buenos vinos […], finche todas sus cubas como buen bodeguero, / enbía derramar la simiente al ero»
En el pasaje de las Serranas aparecen alusiones al vino, siempre de baja calidad o doméstico, como acompañante de la comida y de la “lucha” amorosa. » Diz: «Trota conmigo». Levóme consigo e diom buena lumbre, como es de costumbre de sierra nevada. Diom’ pan de çenteno tiznado, moreno, e diom vino malo, agrillo e relo, e carne salada. Diom queso de cabras»
Hay obras literarias del siglo XIV que preludiaban la llegada del renacimiento, en las que la presencia del vino forma parte del argumentario de las mismas, ya no sólo se muestra su carácter simbólico o metafórico, sino que aparece con toda su naturaleza de ser un buen alimento presente en casi todas las dientas de la cuenca mediterránea y sobre todo sus atributos placenteros.
La Divina Comedia un poema escrito por Dante Alighieri, compuesto entre 1304 y 1321. Es considerada la obra maestra de la literatura italiana, de la literatura medieval y una de las cumbres de la literatura universal. Relata el viaje de Dante por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, guiado por el poeta romano Virgilio. Una de las obras fundamentales de la transición del pensamiento medieval al renacentista.
Foto: Representación de la Divina Comedia
Dante hace una mención explicita al vino en el Canto XV del Purgatorio, la referencia directa al vino ocurre cuando los personajes, «con los ojos entornados / como aquel a quien el vino causa sueño», experimentan un éxtasis que les permite ascender al Paraíso. Se presenta como una experiencia sensorial que impulsa el progreso espiritual. . En el resto de la obra, la bebida a menudo se utiliza de manera alegórica o contextual para evocar el placer, la sabiduría o el peligro.
Otro de los libros que muestran esa transición de la literatura medieval a la literatura del renacimiento es El Decamerón del italiano Giovanni Boccaccio, constituido por cien cuentos, desarrolla tres temas principales: el amor, la inteligencia humana y la fortuna. Para engarzar las cien historias, el libro está construido como una narración enmarcada. La obra comienza con una descripción de la peste bubónica (la epidemia de peste negra que golpeó a Florencia y otras ciudades europeas en 1348), lo que da motivo a que un grupo de diez jóvenes (siete mujeres y tres hombres) que huyen de la plaga se refugien en una apartada casa de campo en Fiesole.
Foto: Pintura de Botticelli sobre El Decamerón
Probablemente, Boccaccio concibió el Decamerón después de la epidemia de 1348, y lo terminó en 1353. El mensaje del Decamerón es que la vida es breve y debe disfrutarse al máximo. Incluso en momentos de crisis, es posible encontrar la felicidad y la alegría en las cosas simples de la vida. La obra recoge importantes y valiosas referencias tanto a la vid como al vino de la región italiana de la Toscana. El vino es un elemento recurrente, aparece en las narraciones como un componente que acompaña las situaciones cotidianas, a veces con un papel destacado en la trama.
En algunas historias, como en la segunda narración del sexto día, el vino es claramente el protagonista: En el relato de «Cisti el panadero» Pampinea narra la historia de Cisti, un panadero inteligente y cortés, a pesar de su condición social. En su taller, siempre tenía «los mejores vinos blancos y tintos, entre otras exquisiteces, que se podían encontrar en Florencia o en el campo ». Cada mañana, veía pasar frente a su tienda a Geri Spina, un noble florentino, acompañado de otros caballeros, embajadores papales. Así pues, comenzó a sentarse cada mañana frente a su tienda, saboreando con gran satisfacción uno de sus mejores vinos blancos. Al cabo de unos días, movidos por la curiosidad y la sed, los acompañantes de Geri Spina pidieron probar el vino y todos quedaron impresionados por su exquisitez (…).
Un libro que tendrá una estructura semejante al Decamerón será el escrito por el ingles Geoffrey Chaucer entre 1387 y 1400; Los Cuentos de Canterbury, es la mejor obra de la literatura medieval de Inglaterra. Son presentados como parte de un concurso ficticio de narración de historias de un grupo de peregrinos durante un viaje de Londres a Canterbury para visitar el santuario de Tomás Becket en la catedral de dicha ciudad. El premio es una comida en la taberna Tabard de Southwark a su regreso.
El vino en los Cuentos de Canterbury a menudo se asocia con elementos de placer y alegría, pero también puede simbolizar pecado, codicia y engaño, ya que los personajes del cuento lo utilizan para cometer sus actos ilícitos.
Foto: Portada del libro Los Cuentos de Canterbury
En concreto, en uno de los capítulos, el ‘Cuento del Bulero’, Chaucer incluye un pasaje en el que hace alusión al vino blanco de la villa de Lepe (Huelva). El de Lepe es el típico vino mosto de los «zampuzos», que son tascas o pequeños bares en los que los propietarios pisan la uva de forma tradicional entre septiembre y octubre y aproximadamente en noviembre obtienen el vino que mantienen en barricas propias y que se sirve en las tabernas de la localidad.
Así nos dice en el cuento del Bulero: “[…] Nadie que esté bajo la influencia de la bebida sabe guardar un secreto: esto es indiscutible. Por lo que manteneos apartados del vino, blanco o tinto, no importa, y muy especialmente alejaos del vino blanco de Lepe que se vende en Fish Streets y en Cheapside. Pues de un modo misterioso este vino español parece contaminar los vinos que se crían cerca de él y de la mezcla se desprenden vapores de tal fuerza que, después de beber tres vasos un hombre que se cree en su casa de Cheapside, se encuentra en España […]”.
La Celestina es el nombre con el que se ha popularizado la Tragicomedia de Calisto y Melibea, atribuida a Fernando de Rojas. Su composición se remonta a los últimos años del siglo XV, durante el reinado de los Reyes Católicos en España, y su extraordinario éxito editorial comenzó en el siglo XVI y continuó, con altibajos, hasta su prohibición en 1792.
Foto: Composición portada libro y autor
Las alusiones directas o indirectas de los alimentos y de las bebidas en voz de los personajes darán cuenta en buena medida de la acción que estos desarrollan durante el devenir narrativo-dramático del texto. Y es que Celestina, además de erigirse como una gran bebedora, mostrará sus amplios conocimientos sobre esta bebida señalando una y otra vez los beneficios que otorga al individuo durante su consumo desde un punto de vista material y otro inmaterial, La presencia del vino en el ‘banquete’ que tiene lugar en casa de Celestina en el auto noveno del texto salmantino será el acto que marque la pauta para comprender y visualizar a la vieja como una gran conocedora de esta bebida;
Los temas de La Celestina y su tratamiento son reflejo de una época cambiante, un canto al placer y una apuesta por la vida, por lo humano vitalista, es la transición de una larga Edad Media a la desenfrenada entrega a los placeres anunciados por lo pagano y vitalista del Renacimiento. Celestina demuestra su amplio conocimiento del vino y hace un breve pero concienzudo recuento de los beneficios de beber éste y lo que puede procurar en el individuo desde un punto de vista anímico y fisio biológico:
Pues de noche en invierno no ay tal escalentador de cama; que con dos jarrillos destos que beva, quando me quiero acostar no siento frío en toda la noche. Desto aforro todos mis vestidos quando viene la Navidad; esto me calienta la sangre; esto me sostiene contino en un ser; esto me haze andar siempre alegre; esto me para fresca […] Esto quieta la tristeza del coraçón más que el oro ni el coral. Esto da esfuerço al moço, y al viejo fuerça, pone color al descolorido, corage al covarde, al floxo diligencia, confora los celebros, saca el frío del stómago, quita el hedor del aliento, haze potentes los fríos, haze sofrir los afanes de las labranças a los cansados segadores, haze sudar toda agua mala, sana el romadizo y las muelas, sostiene sin heder en la mar, lo qual no haze el agua. Más propiedades te diría dello, que todos tenés cabellos. Assí que no sé quien no se goze en mentarlo. No tiene sino una tacha, que lo bueno vale caro y lo malo haze daño. Assí que con lo que sana el hígado, enferma la bolsa, pero todavía con mi fatiga busco lo mejor para esso poco que bevo: una sola docena de veces a cada comida, no me harán passar de allí salvo si no soy conbidada como agora.
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