Hasta el final de la Edad Media, el mundo de los vinos en la literatura habían sido tratados principalmente de forma metafórica y simbólica, a excepción de los tratados agronómicos, que desde tiempos pretéritos, que ya hemos visto en capítulos anteriores, han sido muy prolijos, donde la vid y el vino sí han tenido un papel central, protagonista y se han visto y descritos per se. Será a partir del siglo XVI y sobre todo del siglo XVII, cuando la presencia del vino en la literatura, tome un lugar protagonista, y sin perder su papel simbólico o metafórico, la vid y el vino aparecerán en los diferentes géneros literarios con todas sus bondades y con todos sus perjuicios también.
Foto: Composición: Cerámica representando escenas vínicas del siglo XVII y debates literarios del S. XVII
En muchos casos la literatura será la encargada de describirnos los viñedos y las diferentes variedades de uvas, así como gracias a ella conoceremos los diferentes vinos que se elaboraban en aquel siglo y sus características organolépticas. Pero sobre todo en la literatura del siglo XVII encontraremos la importancia que tenía el vino y la vid en la vida cotidiana, en las costumbres y en la cultura de aquella época, así como en la economía de la misma.
Una centuria da para mucho y la del siglo XVII, no iba a ser menos. Desde sus grandes inventos, como el telescopio, el microscopio, la gravitación universal, la presión atmosférica y hasta la electricidad, gracias a los primeros científicos como Galileo Galilei, Johannes Kepler, René Descartes, Pierre Fermat, Blaise Pascal, Robert Boyle, Christiaan Huygens, Antonie van Leeuwenhoek, Robert Hooke, Isaac Newton y Gottfried Wilhelm Leibniz.
También estuvieron marcados estos 100 años por grandes crisis como la guerra de los treinta años, un auténtico ensayo de guerra mundial, así como por sus epidemias y hambrunas. Mientras que Europa retrocedía, económicamente, otros imperios como el Mogol alcanzó un apogeo en la cultura, arquitectura y el arte. el imperio se coronó como la economía más grande del mundo, por delante de toda Europa poseyendo el 25% del PIB mundial.
Pero el siglo XVII fue conocido como el siglo del Barroco. En el mismo se desarrollo la última parte del Siglo de Oro español, el Siglo de Oro neerlandés, el Gran Siglo predominio de Francia en Europa durante el reinado de Luis XIV. También se desarrolló, durante este siglo, un comercio colonial, sobre todo en Inglaterra y Provincias Unidas donde se creó un sistema comercial dirigido por compañías privadas que contaban con la protección del estado. Destacó la compañía de las Indias Orientales fundada en 1602. Debido al desarrollo del comercio internacional se estableció el capitalismo.
Durante el siglo XVII se fueron conformando todos los elementos básicos que conocemos actualmente en el mundo de los vinos; la recolección y fermentación separada, la crianza en madera, la conservación y crianza en botella, el tapón de corcho, la doble maceración, el reposo en bodegas para mantener constante la temperatura y humedad. A lo largo de la Edad Moderna algunas regiones europeas sufrieron significativas transformaciones agrarias teniendo al vino como protagonista, el vino se convirtió en uno de los más importantes motores económicos de estas regiones, aunque será durante el siglo XVII cuando todo el entramado económico y social en torno al vino quede definitivamente consolidado caracterizando para siempre a una región por la especialización en el monocultivo de la vid y el comercio del vino.
El siglo XVII también vio nacer un nuevo vino; el Tokaji; y lo hizo en Hungría (región de Tokaj), famoso por su proceso de «podredumbre noble» (botrytis cinerea) ganándose el apodo de «vino de los reyes, rey de los vinos» por monarcas como Luis XIV, llegando a tener la primera D.O. y zonificación vitivinícola del mundo en el siglo XVIII.
Foto: Cervantes y Shakespeare: Dos genios de la literatura Universal
Su fama se extendió por Europa, siendo un símbolo de lujo y exquisito por sus propiedades únicas. Una leyenda cuenta que su descubrimiento fue fortuito, cuando una vendimia se retrasó por guerras contra los turcos, afectando las uvas con el hongo botrytis cinerea, creando un vino dulce extraordinario. Se convirtió en el vino más consumido en Europa, siendo el favorito de la corte francesa y rusa.
Sin duda alguna el siglo XVII, fue una centuria de esplendor literario en el ámbito universal, aunque ciertamente será en Europa donde ese esplendor se vera mas amplificado con las figuras de Miguel de Cervantes en España y William Shakespeare en Inglaterra. Aunque por supuesto veremos otros grandes autores de este siglo en las que sus obras también recogerán sus vínculos con el mundo de los vinos.
Que mejor que empezar este siglo con el genio de la literatura española y universal, aunque gran parte de su obra la realizó en el siglo anterior, hablamos de Miguel de Cervantes Saavedra; (1547- 1616), fue un novelista, poeta, dramaturgo y soldado español. Fue el autor del Quijote, novela considerada como una de las mejores obras de la literatura universal, cuya cantidad de ediciones y traducciones solo es superada por la Biblia. A Cervantes se le ha dado el apelativo de «Príncipe de los Ingenios»
Foto: Primera impresión del Quijote y grabado de Don Quijote contra los cueros de vino
En la extensa obra literaria de Cervantes, podemos apreciar, entre otras cosas, su dilatado conocimiento sobre el mundo de los vinos. No sólo en su obra mas emblemática como «El Quijote» sino que también en libros como «Rinconete y Cortadillo» donde demuestra sus dotes de catador por la profusión de vinos que conocía, citar en muchos pasajes de sus obras a Guadalcanal, Alanís y Cazalla: «lo trasegó del corcho al estómago» y acabó diciendo: «De Guadalcanal es, y aún tiene un es no es de yeso el señorico». En el drama religioso «El rufián dichoso » cita Cervantes los vinos de Alanís, al poner en boca del espadachín Cristóbal de Lugo estos versos: Por San Pito / que han de entrar todos, y la buena estrena / han cíe hacer ¡ a la hornada que ya sais / y más, quo tenso da Alanís un cuero / que se viene a las barbas.
En una de las novelas ejemplares, «El licenciado Vidriera», vuelve a hacer Cervantes su típica alusión a los vinos de esta comarca (Sierra Norte de Sevilla) y es donde más gala hace del conocimiento de estos líquidos báquicos: Al llegar a Génova el capitán don Diego dé Valdivia y Tomás Rodaja, entran en una hostería, y después que el hostelero ofrece una gran variedad de vinos, dice el autor: «Y habiendo hecho el huésped la reseña de tantos y tan diferentes vinos, se ofreció de hacer parecer allí, sin usar de tropelía y como pintados en mapa, sino real y verdaderamente, a Madrigal. Coca, Alaejos, y a la imperial más que Real Ciudad, recámara del dios de la risa; ofreció a Esquivias, a Alanis. A Cazalla y Guadaicanal, sin que se olvidase de Rivaldavia y Descargamaria. Finamente, más vinos nombró el huésped, y más le dio, que pudo tener en sus bodegas al mismo Baco».
Pero sin duda alguna, donde descubriremos que el vino formara parte destacada en la literatura y que será tratado como un elemento que se encuentra presente en la vida cotidiana de las gentes de aquella época no es otra que El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha
Foto: Representación de Cervantes con pluma y espada
Además aquí el vino es casi el único protagonista de la novela que no se ve magnificado en su narración, en comparación con casi todos los elementos presentes en la obra, que necesitan del apoyo de la imaginación, para transformar “labradoras en princesas”, “ventas en castillos”, “rebaños en ejércitos” o “molinos en gigantes”, exagerándolos a la vista de cualquier personaje que no sea Don Quijote. El vino, en cambio, no se exagera, es algo “real”, que siempre aparece descrito tal y como es. Cervantes quiso mantener fuera de esas exageraciones fantásticas al vino.
No son pocas las veces que se menciona la palabra vino como bebida, en el Quijote, así en la primera parte del mismo se menciona 22 veces y en la segunda parte aparece 21 veces. Y en casi todas ellas podemos ver aspectos que podrían formar parte de un manual de enología, tales como el arte de servir bien el vino: (“…Habiendo personas que casi se acuerdan de haber visto a la dueña Quintañona, que fue la mejor escanciadora de vino que tuvo la Gran Bretaña…”, “… Y su dueña Quintañona, escanciando el vino a Lanzarote cuando de Bretaña vino…”,). Y la posesión de viñas y bodegas como indiscutible símbolo de riqueza: (“… La razón y cuenta de lo que se sembraba y cogía y pasaba por mi mano, los molinos de aceite, los lagares de vino, el número de ganado mayor y menor…”, ).. También se destaca el conocimiento sobre la calidad de los vinos, en este caso de La Mancha: «“… ¡Oh hideputa, bellaco y cómo es católico! … ¿este vino es de Ciudad Real? …”,). Así como la categoría, maestría y habilidad de un buen catador o “mojón”: (“… Diéronle a los dos a probar del vino de una cuba, pidiéndoles su parecer del estado, cualidad…” … “El uno lo probó con la punta de la lengua…”, ). Y sobre la calidad del vino: (“… Pidiéronles su parecer del estado, cualidad, bondad o malicia del vino …”, ), es decir el adobo que pudiera tener del vino (“… El primero dijo que aquel vino sabía a hierro; el segundo dijo que más sabía a cordobán…” … “El dueño dijo que la cuba estaba limpia y que tal vino no tenía adobo…”, )..
Igualmente se ponen de manifiesto las virtudes y habitualidad del cuero como envase adecuado para el vino: (“… Y levantándose, volvió desde allí a un poco con una gran bota de vino y una empanada de meda vara…”,). Otra de las evidencias del Quijote sobre el vino es que, además de ser sano, era un poderoso antiséptico empleado habitualmente en la cura de pequeñas heridas: (“… Y procura que se me dé un poco de aceite, vino, sal y romero para hacer el salutífero bálsamo…”, ), o en esta otra cita: (“… Leonela tomó, como se ha dicho, la sangre a su señora … y lavando con un poco de vino la herida, se la ató lo mejor que supo…”,). Ni es banal la constatación -como haría Pasteur siglos después, de forma igual de empírica, pero mucho más científica y rigurosa-, del hecho de que el vino sea una bebida sana y más segura que el agua: (“… Hijo Sancho, no bebas agua; no la bebas, que te matará…”, ).
Foto: Cerámica representando la pelea de Don quijote con los cueros de vino
Pero si hay un pasaje en el Quijote, que se ha convertido en una de las escenas mas icónicas de la relación entre el «Caballero de la triste figura» y el vino, es la historia de “El curioso impertinente”, donde se vislumbran las trágicas consecuencias de la curiosidad de un marido, se interrumpe la lectura de la novelita por la batalla que libra el semidormido Don Quijote contra los cueros de vino, que él toma por el gigante que supuestamente persigue a la princesa Micomicona / Dorotea. Está batalla de los pellejos de vino, le sirve a Cervantes para acometer el tema del vino tinto manchego, y su comparación con la sangre, algo que puede tener un carácter simbólico / religioso. Por otro lado, nos muestra la necesaria reserva y obligado almacenamiento de cierta cantidad de vino, hasta que alcanzase “algunos años de ancianidad”, Lo que nos muestra que, ya entonces, se sometía el vino de esta tierra a crianza y envejecimiento. Tampoco faltan en sus obras los sabios consejos sobre el consumo racional del vino. «Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado, ni guarda secreto, ni cumple palabra” Es el excelente consejo que le da Don Quijote a su escudero Sancho.
Otro autor de está época, que también trascenderá su tiempo y se convertirá en otro genio de la literatura universal es William Shakespeare ( 1564 – 1616); fue un dramaturgo, poeta y actor inglés. Conocido en ocasiones como el Bardo, se le considera el escritor más importante en lengua inglesa y como uno de los más célebres de la literatura universal. Las comedias y tragedias shakespearianas han sido traducidas a las principales lenguas, y constantemente son objeto de estudios y se representan en diversos contextos culturales y políticos de todo el mundo.
El First Folio, que reagrupa la mayor parte de su producción literaria, fue publicado por dos actores de su compañía, John Heminges y Henry Condell, en 1623, ocho años después de la muerte del autor. Este libro dividía su producción dramática en Historias, Comedias y Tragedias, y de él se hicieron 750 copias, de las que han llegado a nuestros días la tercera parte, en su mayoría incompletas.
Foto: Portada de First Folio
Gracias a esta obra se conservó la mitad de la obra dramática del autor, que no había sido impresa, pues Shakespeare no se preocupó en pasar a la historia como autor dramático. Escribió aproximadamente 38 obras de teatro (tragedias, comedias y dramas históricos), 154 sonetos y varios poemas narrativos y líricos, Hamlet, Romeo y Julieta, y Macbeth suelen considerarse las cumbres de Shakespeare por su profundidad, influencia y popularidad, siendo Hamlet a menudo citada como la obra maestra más profunda y compleja, mientras que Romeo y Julieta es la más icónica y adaptada, y Macbeth destaca por su exploración de la ambición y el poder.
la comedia es, pues, un espacio más amplio en Shakespeare que el trágico y el histórico y refleja mejor la sociedad de su tiempo, si bien también resalta en este campo el talento del autor para crear personajes especialmente individualizados, como en el caso de Falstaff. Sir John Falstaff es el conocido personaje del caballero gordo, perezoso y disoluto de las obras Enrique IV y Las alegres comadres de Windsor. Este ficticio pero peculiar personaje se convertirá en nuestro embajador de los vinos en la literatura shakesperiana
Foto: Representación de Falstaff
El clima de Inglaterra hacía de la vinicultura una actividad con un elevado riesgo de fracaso. Los vinos eran importados de países como Alemania, Francia, España, Portugal y Grecia, y su procedencia se ve reflejada en el nombre con que se les denominaba. Así, nos encontramos con vinos como Canary, Madeira, Rhenish, Alicant y Gascon, entre otros. Así podemos decir que «sack» se empleaba para denominar una gran variedad de vinos de calidad desigual que provenían de distintas regiones de la península ibérica. Según se desprende de las palabras de Markham, el mejor de estos sack era el de Jerez, región que, al prestar su nombre al vino, hizo que éste se conociera como sherris wine, sherris sack y sherry-sack. Éste último será el término empleado por Shakespeare para referirse al vino en la segunda parte de Enrique IV, en cuyo acto IV Falstaff alaba sus virtudes «Si mil hijos tuviera, el primer principio humano que les inculcaría sería abjurar de brebajes ligeros y dedicarse al jerez».
William Shakespeare solía acudir con sus amigos a tabernas londinenses de ambiente literario, como Mermaid Tavern o Boar’s Head, y allí en compañía apreciaban todos las virtudes del «sack», un vino dulce procedente de España o Portugal y que se mezclaba con azúcar o especias. Aquel sack podía ser de Madeira, Oporto, Canarias o Jerez, llamándose en ese último caso «sherris sack».
Foto: Shakespeare y amigos en Mermaid Tavern
Falstaff – es decir Shakespeare – proclamó su amor incondicional por el jerez, una oda al placer y la buena vida. «Un buen jarro de jerez hace un doble efecto. Sube al cerebro, diseminando allí todos los tontos, obtusos y agrios vapores que lo rodean, lo hace sagaz, vivo, inventivo, lleno de ligeras, ardientes y deliciosas formas que, entregadas a la voz que les da vida, se convierten en excelente espíritu. La segunda propiedad de vuestro excelente jerez es calentar la sangre, la que antes fría y pesada deja al hígado blanco y pálido, que es el distintivo de la pusilanimidad y la cobardía, pero el jerez la calienta y la hace correr del interior a todos los extremos. Ilumina la cara que, como un faro, da la señal a todo el resto de este pequeño reino, el hombre, de armarse; entonces toda la milicia vital y los pequeños espíritus internos se forman detrás de su capitán, el corazón, que grande y soberbio se atreve a cualquier empresa valerosa. Y todo ese valor viene del jerez».
Los vinos y sobre todo los procedentes de la península Ibérica son esenciales en la obras del Bardo de Avon; Y es tratado desde diferentes ángulos, es tanto un catalizador para la alegría y la amistad como para el engaño y la traición, mostrando sus efectos ambivalentes. En algunas obras como Hamlet; el vino, junto con el alcohol en general, se usa para describir la decadencia moral, personificada en personajes como el «viejo gordo, un tonel de compañero», la presencia del vino en Hamlet es crucial, se convierte en un símbolo de traición y muerte, la copa envenenada del rey Claudio causa la muerte de la Reina Gertrudis y también de Hamlet y Laertes, revelando la corrupción de la corte danesa a través de esta bebida, transformando un símbolo de celebración en la trampa mortal que desvela la podredumbre de Elsinor.
Sin embargo en otras obras de Shakespeare como El Mercader de Venecia; el vino que tiene una nutrida presencia, juega un papel mas placentero, enmarcándose en contextos festivos, como la celebración de bodas y festines, marcando momentos de alegría y unión, especialmente en la casa de Porcia en Belmonte. el vino aparece como un elemento cultural y social importante. sirve para ambientar la Venecia renacentista y acentuar diferencias sociales y religiosas. El vino representa la vitalidad, la riqueza y la vida cortesana, en contraste con la sobriedad y la dureza de las leyes de usura que mueven la trama.
Luis de Góngora y Argote 1561 – 1627); fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida más tarde como culteranismo o gongorismo. se sabe que era jovial, sociable, hablador y amante del lujo y de entretenimientos como los naipes y la tauromaquia. En la época fue tenido por maestro de la sátira, aunque Góngora no publicó sus obras, estas pasaron de mano en mano en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías, publicados con su permiso o sin él.
Foto: Góngora y su firma
Es el poeta más original e influyente de todo el Siglo de Oro español. Su obra poética rompe moldes e inaugura un nuevo lenguaje cuya virtualidad, aún insuperable, sigue marcando rumbos en la poesía contemporánea. Entre sus obras destacan la comedia Las firmezas de Isabela (1610), el Polifemo (1612), las Soledades (1613-1614), el Panegírico al Duque de Lerma (1617) y la Fábula de Píramo y Tisbe (1618), amén de sonetos, canciones, romances, letrillas y décimas de perfección inusitada.
Aunque Góngora fue abstemio y detractor del vino, no faltaron en sus obras la presencia del mismo, una de ellas fue en el ataque furibundo a sus dos enemigos literatos, Quevedo y Lope de Vega, ambos con fama de bebedores: Hoy hacen amistad nueva // Más por Baco que por Febo // Don Francisco de Quebebo // Y Félix Lope de Beba. Pero también utiliza el vino como un recurso literario que refleja su uso y disfrute por las gentes del Siglo de Oro español. En sus poemas, el vino se asocia a banquetes y celebración. .
Otro de los grandes autores del Siglo de Oro español, fue, sin duda alguna Lope de Vega; El llamado Fénix de los ingenios y Monstruo de Naturaleza por Miguel de Cervantes. Lope de Vega Carpio (1562 – 1635) poeta y dramaturgo, y, por la extensión de su obra, uno de los autores más prolíficos de la literatura universal. Se le atribuyen unos 3000 sonetos, cinco novelas, cuatro novelas cortas, nueve epopeyas, tres poemas didácticos y varios centenares de comedias (1800 según Juan Pérez de Montalbán) su vida fue tan extrema como su obra. Fue padre de la también dramaturga sor Marcela de San Félix.
Foto: Retrato de Lope de Vega pintado por Francisco Pacheco.
Se le atribuye como obra más importante y célebre «Fuenteovejuna», un clásico del teatro español que destaca por su poderosa defensa de la justicia social y la solidaridad popular frente a la tiranía, basada en un hecho histórico donde el pueblo se une para vengar los abusos de un Comendador. Otras obras cumbre incluyen «El perro del hortelano«, «La dama boba», «El caballero de Olmedo» y «Peribáñez y el comendador de Ocaña», pero «Fuenteovejuna» es considerada su obra maestra indiscutible.
La presencia del vino en la obra de Lope de Vega esta cargada de dinamismo, reflejando la cultura popular de la época del Siglo de Oro español. Se muestra en ocasiones como una metáfora de la vida, caracterizan a personajes graciosos como Tomé en El Galán de la Membrilla. También nos ofrece un ajustado maridaje entre el vino y el jamón en su obra El Anticristo (1618): » Desde hoy me acojo a un jamón // pues ya no hay ley que me obligue.//Al vino no se persigue,//esta es famosa invención://no consentía Moisés // que comiésemos tocino, y quien da tocino y vino, //sin duda que buen dios es.
El vino forma parte de la ambientación general de la comedia. Él contribuye a dar ese toque realista al argumento, Además de esta función de crear ambiente, al vino se le otorgan otros cometidos. Es parte fundamental, como hemos dicho anteriormente de la caracterización del personaje de Tomé, el criado-gracioso de la comedia. También su preocupación por los aspectos materiales la buena vida, y por satisfacer sus necesidades más primarias, su gusto por el buen comer y por el buen beber, que puede traducirse en su afición a los buenos vinos. A este patrón se ajusta la construcción del personaje de Tomé.
Foto: Lope de Vega y alguna de sus obras literarias
En otras obras el vino juega un papel mas sutil como en El perro del hortelano, donde el vino se presenta como un elemento catalizador de la confusión y el desorden emocional que experimentan Diana y Teodoro. El vino se convierte en un elemento mas del ambiente barroco, aparece como un símbolo de opulencia y placer. que contrasta con el consumo del vino en el ámbito popular símbolo de alegría y festividad, es una parte mas de las costumbres y cultura del pueblo.
La estancia de Lope de Vega por segunda vez en Sevilla, entre 1600 y 1604, donde escribió la obra de «El Arenal de Sevilla», además de permitirle conocer los encantos y entresijos de esta bella ciudad, en aquellos siglos «puerto y puerta de Indias», conoció también sus vinos, siendo por entonces, los vinos de la Sierra Norte sevillana, unos vinos de excelente calidad y fama. Es por ello que en algunos de sus sonetos, recoja esta característica vinatera de Sevilla: » Vino aromatizado que sin pena beberse puede, siendo de Cazalla, y que ningún cristiano lo condena»
Juan Sorapán de Rieros (1572 – 1638) fue un médico español del siglo XVII. Experto en paremiología y famoso por haber publicado un libro con recopilación de refranes de medicina y gastronomía española titulado: Medicina Española contenida en proverbios vulgares de nuestra lengua. En 1616 publica su obra con cuarenta y siete refranes castellanos. Posteriormente es familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Llerena y Granada. (Los familiares del Santo Oficio eran una figura clave en la Inquisición española, desempeñando un papel crucial en la vigilancia y control de la población rural. Su función principal era denunciar, perseguir y detener a presuntos herejes).
Foto: Portada del libro Medicina española
Una visión diferente a los grandes literatos de la época, la que nos ofrece este confidente de la Inquisición y médico, señalando la importancia que tenía el vino en la sociedad del siglo XVII y lo hace desde la consideración dual que tenía el vino:
El vino trastorna a sus amadores el entendimiento, háceles más sin razón que brutos animales: furiosos, ridículos, miserables
habladores, pierden el color del rostro, traen las mejillas caídas, los ojos ensangrentados, las manos temblando, inquietos y olvidados de sí propios, hablando mil desvaríos, descubriendo sus secretos, haciéndoles descompuestas zancadillas y traspiés, y dándose a rienda suelta tras todo género de vicios indignos de nombrar a oídos castos…
Para, a continuación, hacer una encendida defensa:
Es alimento saluterizado, calienta los resfriados, engorda y humedece a los exhaustos, da calor a los descoloridos, despierta los ingenios, hace graciosos poetas, alegra al triste melancólico, es triaca contra la ponzoña de la cicuta, restaura instantáneamente el espíritu perdido, alarga la vida y conserva la salud, hace decir verdades, mueve sudor y orina, concilia sueño, y, en suma, es único sustentáculo y refrigerio de la vida humana, así usado como alimento, como bebiéndolo por
bebida o tomándolo como medicamento.
Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana. Nacida en México (1648 o 1651 -1695), más conocida como sor Juana Inés de la Cruz fue una religiosa jerónima, escritora y filósofa novohispana, exponente del Siglo de Oro de la literatura en español. También incorporó el náhuatl clásico a su creación poética. Algunos autores la consideran una de las mayores exponentes de la literatura barroca en lengua hispana. Conocida como la décima musa, cultivó la lírica, el auto sacramental y el teatro, así como la prosa. En 1669, por anhelo de conocimiento, ingresó a la vida monástica. Sor Juana murió a causa de una epidemia el 17 de abril de 1695 en el Convento de San Jerónimo.
Foto: Representación de sor Juana de Inés y su firma
Mujer genial, estudiosa insaciable y magnífica escritora, sor Juana Inés de la Cruz, la gran figura de las letras novohispanas del siglo XVII, fue también defensora del derecho de la mujer para acceder al conocimiento, y precursora de las causas feministas. Escribió obras de teatro, como Los empeños de una casa (1683) y Amor es más laberinto (1689); autos sacramentales como El divino Narciso (1689) y abundante poesía. Preparó villancicos para las catedrales de México, Puebla y Oaxaca.
Después de un intento fallido con las carmelitas, cuya regla era de una rigidez extrema que la llevó a enfermarse, ingresó en la Orden de San Jerónimo, donde la disciplina era algo más relajada, Allí permaneció el resto de su vida, pues los estatutos de la orden le permitían estudiar, escribir, celebrar tertulias y recibir visitas, La relajación de las normas en estos conventos, permitían el consumo del vino en las comidas. Un vino que desde mediados del siglo XVI ya se elaboraba en México, después de que fuera introducido por los españoles. Así el vino como elemento simbólico y metafórico es utilizado por sor Juana de Inés tanto en su lirica como en sus villancicos, como en el villancico dedicado a San Pedro Nolasco (1677): «Hodie Nolascus divinus// In caelis est collacatus // – Yo no tengo asco del vino // que antes muero por tragarlo».
Jean-Baptiste Poquelin. Llamado Moliére (1622 – 1673), fue un dramaturgo, actor y poeta francés, ampliamente considerado como uno de los mejores escritores de la lengua francesa y la literatura universal. Sus obras existentes incluyen comedias, farsas, tragicomedias, comédie-ballets. Perteneciente al Gran Siglo francés, maestro del Clasicismo imperante en la Francia del siglo XVII, sus obras de teatro se han traducido a todas las lenguas vivas principales y son actuadas en la Comédie-Française más a menudo que las de cualquier otro dramaturgo actualmente. Es tal su influencia que el idioma francés es a menudo llamado «la lengua de Molière».
Foto: Representación de Moliére
Jean-Baptiste Poquelin, escribió mas de treinta obras, siendo las mas destacadas; Tartufo, El Ávaro, Misántropo, Don Juan, el médico a palos, las preciosas ridículas, Escuelas de mujeres, las mujeres sabias, el burgués gentilhombre y su última obra y quizás la mas icónica el Enfermo imaginario.
Molière, disfruto del favor de Luis XIV, fue su dramaturgo y actor protegido, utilizando la comedia para satirizar los vicios sociales como la hipocresía y la avaricia, Su posición le permitía criticar a la Iglesia y a la nobleza a través de obras como Tartufo y Don Juan, aunque esto generaba enemigos y censura, como ocurrió con Don Juan censurada desde su segunda representación. Sólo conseguirá publicarla en 1682 y en versiones censuradas. Habrá que esperar hasta 1884 para poder ver la representación en su versión original.
Y es muy probable que su presencia en la Corte del Rey Sol, le permitiera conocer y disfrutar de los lujos y de los hábitos culinarios de la misma. Así, en sus visitas a Versalles debió conocer dos de los grandes vinos que se consumían por el rey y los nobles que les acompañaban. Estos vinos no eran otros que el Tokaji húngaro del que ya hemos comentado que es un vino dulce, nacido en este siglo XVII, así como otro de los vinos que se servía en esta lujosa corte; El Fondillo el vino dulce, añejo, de la huerta de Alicante, hunde sus raíces en la Edad Media y por supuesto era el vino preferido de Luis XIV que en los últimos días de sus vida sólo se alimentaba de este preciado vino y de galletas.
Foto: Cena de Luis XIV y Molière de Jean León Gerome
Precisamente en la obra mas criticada y sancionada por la aristocracia y la iglesia francesa, Don Juan, el vino lo utiliza para mostrar el estilo de vida opulento y disoluto de Don Juan, un noble que desafía las convenciones sociales y religiosas. El vino es una bebida que refleja el disfrute mundano, y alegre de Don Juan y por ende de la nobleza de la época. En varias ocasiones Don Juan bebe o habla de vino con mucha displicencia, por el contrario su criado, Sganarelle, lo insta a la moderación
Otra de sus obras donde el vino aparece con cierta asiduidad es el Burgués Gentilhombre; .es una obra de teatro. La obra cuenta la historia de un rico comerciante que está obsesionado con la nobleza y desea convertirse en un noble a toda costa. Con la ayuda de sus amigos y un grupo de artistas, intenta aprender todo lo que necesita saber para ser considerado un noble, lo que da lugar a situaciones cómicas y absurdas. En El burgués gentilhombre, el vino forma parte del decorado de la vida cortesana y de la sátira del ascenso social de Monsieur Jourdain, sirviendo como herramientas para que Jourdain intente imitar a los aristócratas, pero terminando ridiculizado por su falta de educación genuina La obra se burla de la pretensión de la clase media – entonces la naciente burguesía – de adoptar los hábitos de la nobleza, y los vinos caros y el exceso en la mesa son parte de esta farsa.
Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos (1580 – 1645) fue un noble, político y escritor español del Siglo de Oro. Fue caballero de la Orden de Santiago a partir de 1618 y señor de Torre de Juan Abad a partir de 1620 .Es reconocido como uno de los más notables poetas de la literatura española. Además de su poesía, fue un prolífico escritor de narrativa y teatro, así como de textos filosóficos y humanísticos. La obra poética de Quevedo, que está constituida por unos 875 poemas, presenta ejemplos de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral e inmoral, una parodia de la poesía heroica, poemas de circunstancias, descriptivos, religiosos y fúnebres. Pero además incluye poemas metafísicos y filosóficos.
Foto: Grabado de Quevedo y portada del libro
Francisco de Quevedo, es conocido por su aguda crítica social y su estilo literario ingenioso. Entre sus obras más destacadas, «El sueño de la muerte» se considera la más importante debido a su profundidad temática y su habilidad para combinar sátira con reflexión filosófica. Este poema, que consta de más de 200 versos, narra un sueño en el que Quevedo se enfrenta a la muerte y a un juicio final. En general en la obra literaria del Quevedo, el vino no se presenta como un elemento decorativo, si no que refleja su consumo tanto por las clases pudientes como por el pueblo en general, el vino para Quevedo es un elemento vitalista. Nos muestra la dualidad del vino asociándolo a la alegría, y a la valentía pero también a la decadencia cuando se consumo en exceso. Describe con todo lujo de detalle los ambientes tabernarios de la época y hace mofa de los excesos con su perspicaz sátira como en el poema que nos dice: » Dijo la rana al mosquito: mejor es morir en el vino que vivir en el agua». En obras como Los Sueños, el vino se usa para satirizar la sociedad y los vicios, y en su prosa, como en citas sobre la salud, se le atribuyen propiedades beneficiosas: «Para conservar la salud y cobrarla si se pierde, conviene alargar en todo y en todas maneras el uso de beber vino, por ser, con moderación, el mejor vehículo de alimento y la mas eficaz medicina». Aunque también con su sagaz critica, estibia sobre la afición de los clérigos al vino, como nos refleja en su obra «Sueños de muerte»: Dijo fray Jarro, con una vendimia en los ojos, escupiendo racimos y //oliendo a lagares, hechas las manos dos piezgos y la nariz espita, // la habla remostada con un tonillo de lo caro. Estos santos que ha // canonizado la picardía con poco temor de Dios.
Tirso de Molina (seudónimo de fray Gabriel Téllez; (1579 – 1648) fue un religioso mercedario español que destacó como dramaturgo, poeta y narrador del Barroco. Tirso de Molina destaca sobre todo como autor dramático. Su dramaturgia abarca principalmente la comedia de enredo, como Don Gil de las calzas verdes, y obras hagiográficas como la trilogía de La Santa Juana o La dama del olivar.
Foto: Representación de Tirso de Molina
Se le ha atribuido tradicionalmente la creación del mito de Don Juan en El burlador de Sevilla, cuya primera versión podría ser de 1617, con la obra Tan largo me lo fiais, editada en el siglo XVII a nombre de Calderón y que parte de la crítica atribuye a Andrés de Claramonte en la citada obra, Tirso fue el primer autor que dio profundidad psicológica a los personajes femeninos, que llegaron a ser protagonistas de sus obras literarias.
Como buen fraile, era un gran conocedor del elixir de Baco, la bebida que esta presente constantemente durante este siglo XVII en la vida cotidiana de estas gentes y que la literatura de la época deja buen testimonio de este hecho. Tirso de Molina o fray Gabriel Téllez también dio buena cuenta de la presencia del vino en sus obras como en El Burlador de Sevilla: ¡Válgame la Cananea, // y qué salado está el mar! // ¿Donde Dios juntó tanta agua, // no juntara tanto vino? // Agua salada, extremada // cosa para quien no pesca. // Si es mala el agua fresca // ¿qué será el agua salada? // ¡Oh, quién hallara una fragua // de vino, aunque algo encendido?
René Descartes; (1596 – 1650) fue un filósofo, matemático y físico francés considerado el padre de la geometría analítica y la filosofía moderna, así como uno de los protagonistas con luz propia en el umbral de la revolución científica. Su declaración filosófica más conocida es «Pienso, luego existo», que se encuentra en Discurso del método (1637) y en Principios de la Filosofía (1644), fue un elemento esencial del racionalismo occidental, La influencia de René Descartes en las ciencias y matemáticas es igualmente evidente. Hizo contribuciones en física y óptica. El sistema de coordenadas cartesianas recibió su nombre. Se le acredita como el padre de la geometría analítica, el puente entre el álgebra y la geometría, utilizado en el descubrimiento del cálculo infinitesimal. en general se considera a Descartes como el «padre de la filosofía moderna»
Foto: Representación de René y su escritorio
Para Descartes el vino aparece más como un elemento del mundo natural o un símbolo teológico implícito, no como un tema filosófico central para la duda o la verdad, que reside en la mente. pero se sabe que era un bebedor moderado de vino, viéndolo como un placer simple que no interfería con su claridad mental, considerándolo parte de una vida equilibrada y en ciertos contextos como sus cartas, puede aparecer como una bebida social o una metáfora para la vida En sus correspondencias, Descartes menciona el vino de forma casual, a menudo como un acompañamiento a comidas o reuniones sociales, como un detalle de la vida cotidiana en los Países Bajos.
Gregório de Matos e Guerra (1636 – 1696) fue un famoso poeta barroco brasileño. Aunque escribió numerosos poemas líricos, religiosos y eróticos alcanzó mayor fama por sus poemas satíricos, ganándose el apodo de «Boca do Inferno» Las obras de Gregório de Matos no se publicaron ni fueron difundidas sino hasta el siglo XIX. Ello se debió al contenido de sus sátiras. Durante su vida, su poesía solo estuvo disponible en diarios privados que pasaban de mano en mano y en códices.
Foto: Representación del brasileño Gregorio de Matos
La Academia Brasilera de Letras ha publicado una colección de sus poesías en seis volúmenes: 1) Sacra (volumen 1, 1923); 2) Lírica (volumen 2, 1923); 3) Graciosa (volumen 3, 1930); 4) Satírica (volúmenes 4-5, 1930); 6) Última (volumen 6, 1933). En 1969, en plena dictadura militar, sus poemas fueron denunciados por «subversivos» y arrojados a la hoguera.
Los conquistadores portugueses, al igual que hicieron los españoles, introdujeron el cultivo de la vid en Brasil, amén de llevar en sus barcos el ya conocido y prestigioso vino de Oporto, así como de otras zonas vinícolas de Portugal. Gregorio conocedor de estos vinos y de los viñedos brasileños reflejo en sus obras, principalmente en las de carácter satírico, donde critica el comportamiento de las clases sociales altas, la presencia tanto del vino como el proceso de elaboración del mismo, y su consumo.
Pedro Calderón de la Barca; (1600 – 1681) fue un escritor, dramaturgo, poeta y sacerdote español, miembro de la Venerable Congregación de Presbíteros Seculares Naturales de Madrid San Pedro Apóstol y caballero de la Orden de Santiago, conocido fundamentalmente por ser uno de los más insignes literatos barrocos del Siglo de Oro, en especial por su teatro.
Foto: Calderón y sus obras mas importantes
Para muchos críticos y especialistas es el último escritor del Siglo de Oro español. Poeta cortesano y soldado, en 1651 se ordenó sacerdote. Su debut teatral fue un drama histórico sobre la vida del rey Eduardo III de Inglaterra, que se presentó por primera vez el 29 de junio de 1623 en el Real Alcázar de Madrid, durante la visita sorpresa a España de Carlos, príncipe de Gales para negociar un posible matrimonio con la hija menor del rey español Felipe III.
El consumo del vino es algo que esta arraigado en la sociedad barroca y se ha convertido por merito propio en un elemento cultural. y forma parte de la cotidianeidad de la época. Todo ello se recoge de forma prolífica en las diferentes obras literarias que vieron la luz en este siglo. Y Calderón fue uno de esos autores que menciona el vino en sus obras teatrales no sólo como una bebida sino también en sus aspectos vitivinícolas y formas de producción, las bodegas. En una de sus obras mas icónica como El Alcalde de Zalamea, el vino se representa como un elemento costumbrista, en el ambiente de la sardesca quien lo demanda cuando llegan a la villa de Zalamea, como Rebolledo y la Chispa, mencionan el consumo de vino, este es parte de la carga que supone el alojamiento de las tropas para los habitantes de la villa.
VOLVER A:
| SIGLO XVI | SIGLO XVIII | SIGLO XIX | SIGLO XX | SIGLO XXI |
